martes, 13 de noviembre de 2007

El hijo de Dios


Se llama Jeffrey Jordan, pero no es Michael. Sólo he visto una fotografía de él, pero la pinta que tiene es la de un jugador del montón, aunque espero que haya heredado al menos el carácter ganador de su padre. Uno de los vástagos del mejor jugador de la historia debutó la pasada noche con la Universidad de Illinois.


No fue precisamente el partido soñado ante los 16.618 espectadores que poblaron las gradas del Assembly Hall en Champaigne. Su padre, se lo perdió, seguramente porque sabía que Juanita, su ex mujer que le pide más de 150 millones de dólares por el divorcio, iba a estar en las gradas. Apenas jugó tres minutos en la segunda parte y pagó la novatada propia de un freshman (jugador de primer año). La gran pregunta es si también penetra hacia canasta haciendo burla.


Podríamos escribir un tratado sobre 'los hijos de' y casi siempre las comparaciones son odiosas. Acuérdense de David Brabender, base discreto que pasó por equipos como Fuenlabrada o Gran Canaria y nunca pudo quitarse el lastre de la leyenda de Wayne, uno de los precursores del baloncesto en nuestro país bajo el ala sabionda de Díaz Miguel. Tirador excelso, Wayne Brabender fue, junto con Clifford Luyk, el primer extranjero nacionalizado de nuestro básket y realizó diabluras en la cancha, incluida la famosa victoria ante la URSS en las semifinales del Eurobasket de 1973, cuando las diferencias eran abismales.


Qué decir de Andrea Meneghin. Hijo del mítico Dino Meneghin, se formó en la cantera del Pallacanestro Varese, debutando en 1990 en el equipo que también vio brillar a su padre dos décadas atrás. Era un escolta de 2 metros, que incluso podía jugar de base dado su buen manejo de balón. 1999 fue su gran año. En compañía de otros jugadores, como el puertorriqueño Daniel Santiago o sus compatriotas Giacomo Galanda y Gianmarco Pozzecco, llevó al Pallacanestro Varese a ganar la LEGA (Liga italiana), algo que no sucedía desde 1978. Además, para redondear el año, ganaría con la selección italiana el oro en el Eurobasket 99, venciendo a España en la final. En el año 2000 fichó por el Fortitudo Bolonia, donde jugaría dos años. No tuvo mucha suerte y en 2002 volvió a Varese, donde problemas con las lesiones llevaron a retirarle prematuramente en 2005. En la actualidad, es entrenador asistente del Pallacanestro Varese.


Gonzalo Martínez en el Estudiantes sigue dando guerra, equipo donde milita el hijo de otro histórico, José Manuel Beirán, que formó parte de la selección de plata de Los Ángeles. Beirán júnior pinta bien y es de los pocos casos en los que el alumno superará seguro al maestro. El que lo tiene crudísimo es Jan Martin, vástago del añorado Fernando Martín. Se encuentra actualmente en el filial del Real Madrid y va convocado con el primer equipo (¿será porque su tío Antonio es el director deportivo de la sección de básket blanca?), pero le queda mucho por mejorar si quiere acercarse a la mitad de lo que fue su padre, al igual que el primogénito de Arvydas Sabonis, un rubio barrilloso que milita actualmente en las filas del Unicaja de Málaga.


Es la crueldad de tener un padre mítico. Pasa en otros ámbitos de la vida, como el hijo de Raphael, que tiene un grupito del que nadie recuerda su nombre, o Paquirrín, quizá el caso más paradigmático. Y pasará con Jeffrey Jordan, que soñará con meter canastas imposibles sobre la bocina y con ser tan determinante que hasta tus propios compañeros parecen mejores de lo que son en realidad. Que se lo pregunten a Buchler, BJ Armstrong o a Bill Cartwright. No sé si algún día el hijo de Larry Bird dírá sobre Jeff: "Hoy Dios se ha vestido de Jordan". Que vaya rezando.
Otra reflexión que me invade al contemplar a Jeff Jordan es que el tiempo pasa inexorablemente y que nos estamos haciendo viejos poco a poco. Parece que fue hace dos días cuando Mike sentenció a Malone y Stockton con la mejor jugada de su dorada carrera y ya está en la cancha el mocoso Jordan. Cómo hemos cambiado...

lunes, 22 de octubre de 2007

El largo adiós


Gracias por brindarme una semana inolvidable. Por el VIPS y los paseítos. Por 'La Panza es primero' y por los viajes en el túnel del tiempo del metro madrileño. Por el chuletón del Abrasador y por la foto del Ángel Caído. Por ese pasillo interminable y las chocolatinas suizas de madrugada. Por el bocadillo de calamares y el Alpe D'Huez hacia el Arena. Por la batería del Sony Ericsson y el manual de 'Cómo ligar en dos minutos'. Por la magia, por las conversaciones irrepetibles sobre la historia de nuestro deporte, por todo.


Al jaranero 'Pupi' y al Catedrático del Basket.

Toro Salvaje


Lo interesante es imaginar lo que estaba pasando de pecho para abajo. No, el toro de gomaespuma no me estaba cogiendo la minga. Sólo me pegó un puñetazo en la boca del estómago. Dan fe Juanma González y Alfonso, que se divirtieron de lo lindo ese día.

Oda a la afición griega


Siempre he criticado la violencia de la hinchada griega en baloncesto. Cabe recordar los lanzamientos de botellas, monedas y sillas en Salónica (Epi, Sibilio y Norris dan fe) o las amenazas a aficionados de otros países o equipos. Sin embargo, este Eurobasket revelador me ha reconciliado con ellos, con su magia, impuesta a golpe de ritual tribal. Pone los pelos de punta cuando todos dan la espalda a sus jugadores, agarrados, botando sin cesar y cantando una especie de mantra incunable. Junto a los lituanos, fueron los únicos que animaban sin cesar durante el partido, desde el calentamiento hasta que se iba el utillero gordinflón. Suerte de marea azul, caras pintadas, capas, tambores, banderas... Los dioses deben estar contentos, aunque se quedasen a las puertas de medalla.


La instantánea es un ejemplo de comunión entre dos culturas, dos países, dos pasiones y dos filosofías de basket: la diosa griega que me roza empezó y acabó con una sonrisa, a sabiendas de que lo importante es disfrutar del camino y de que los cámaras de La Sexta estaban locos por ella. El onubense rellenito se ilusionó como siempre y estuvo una semana en plan autista porque la puñetera canasta se salió del aro en un espectáculo dantesco de birlibirloque. Y, mientras, Helena 'Ojos Azules' regresó a Mikonos con su maromo disfrazado y con la certeza de que siente verdadera devoción por las penetraciones de Papaloukas y Diamantidis. Yo, por mi parte, me enamoré de Calderón, volví a Santiponce y recordé que, hace unos años, bajábamos la cabeza tras ser eliminados en cuartos o en la liguilla. La venganza se convertirá en un cuento chino.

Un verdugo de otros tiempos


Retrospección: Solozábal sube el balón y ordena jugada; Epi corta por la zona, recibe, finta y sufre un gorrazo de Tachenko. Contraataque de color rojo intenso. Valters lleva la hoz y Kurtinaitis, el martillo pilón. Final del encuentro. La URSS gana a España 112-76 (sic).


Rimas, contemplado en toda su humanidad y sin bigote, impone un respeto ancestral. Su muñeca prodigiosa, valedora de muchos títulos, se une ahora a su carácter ganador en los banquillos de Lituania. A diferencia de Obradovic, fue él quien me echó el brazo por encima y no al revés. Fue lo más cerca que me quedé de oler a Sabonis. Pero Rimas es una leyenda viva de este "puto deporte que tanto me gusta", como diría otro mito (éste de las canchas de madera, hierro y jaramagos) llamado Olivares. Rimas, el gran poeta de la cesta, comprobó el cálido sabor del bronce, mientras otros teníamos una mala digestión de plata. Huelva y Vilna se dieron la mano en una imagen para la historia: la mano obediente y adusta del admirable baloncesto soviético versus la manita que no se rinde ni en el Estrada, ni en el San Pablo, ni siquiera en el Plantinar.

Estertores del Eurobasket Vol. II


En mi discurrir por los tiempos muertos de las jornadas maratonianas de los octavos de final del fatídico torneo del pasado verano, me di de bruces con el colega Zeljko. El seis veces campeón de la Euroliga accedió a posar con Paco Núñez (joder, ya habló de mí en tercera persona, como Aída) en plan 'perdonavidas', como se puede apreciar en la foto. ¿O quizá sufría una depresión por el batacazo supremo que se había dado Serbia en el 'Euro'? No, posiblemente sean las camisas que le hace ponerse su mujer en homenaje sentido a Sonny Crocket. Bueno, en cualquier caso, es lo más cerca que he estado de sentir el espíritu de Petrovic (fue campeón del mundo como jugador al lado del genio de Sibenik en Argentina 90, junto a los Savic, Kukoc, Radja, Divac, Perasovic y compañía en el último título de Yugoeslavia antes de la Guerra de los Balcanes) y de rozar con la yema de los dedos esa garra perdida en el baloncesto de salón de la actualidad.

Pequeño gran base


Sí, amigos. Ése rubiales con pinta de cantante de OT es, nada más y nada menos, que Rafa Jofresa, el hombre que más partidos ha jugado en la historia de la ACB durante más de 20 años de excelsa carrera. Viéndole de cerca, parece que está para jugar y, en un uno contra uno, quizá podría imponer mis kilos, porque, como véis, es de mi altura. Son los estertores del Eurobasket Volumen I.