jueves, 24 de julio de 2008

Las manías de Garbajosa


Es uno de los jugadores más carismáticos que ha tenido España desde Epi y Villacampa. Grande fue su actuación en la final de la ACB contra el Tau en 2006 y grande su capacidad de reinventarse continuamente, desde sus tiempos de pívot-pívot en el Taugrés hasta su temporada histórica en Toronto jugando de alero tirador. Pero, en los últimos tiempos se ha creado un halo de mártir alrededor de este barbudo y sereno Jorge Garbajosa que no le viene nada bien.


Entre las lesiones, su enfrentamiento con Bryan Colangelo en los Raptors y su adhesión fundamentalista a la selección española y a José Luis Sáez, se ha hablado demasiado de temas extradeportivos y se nos ha olvidado que es un cuatro único en Europa. Sólo le pongo dos peros: que abusa de los triples (podría penetrar de vez en cuando para encarar el aro con fuerza y sin miedo) y que se nota que es un hombre lleno de manías. Un ejemplo: en todas las fotos que se hizo con los compañeros del Master, incluido yo, no permitía que nadie le echara la mano por la cintura. Véase foto adjunta.


De todas formas, espero que 'Garba' pueda recuperar el ritmo normal de la carrera de un jugador de elite tanto en los Juegos Olímpicos como en el Kimkhi ruso (extraña decisión para un jugador que tiene la vida resuelta económicamente y que tenía ofertas de Real Madrid y Unicaja).

La espalda de Marc Gasol


Uno de los momentos álgidos del Master de la FEB fue la visita a la concentración de la selección española en San Fernando. Nada más entrar en el pabellón, se notaba el fresquito del aire acondicionado recién instalado y palpábamos la expectación, ya que había 50 niños en la puerta para entrar a ver el entrenamiento de los elegidos para la gloria.


Mis impresiones sobre los 12+3 fue muy buena. Estos prohombres ganan en las distancias cortas, salvo alguna que otra excepción. Calderón es la alegría serena (con ese gesto tan suyo de apretar los labios); Raúl López, el eterno adolescente; Ricky Rubio, el niño que cumplió el sueño de todos los 'mopas'; Berni, el relaciones públicas intenso; Mumbrú, el bromista que miraba de soslayo a todos los presentes; Jiménez, el capitán mudo que sienta cátedra con su esfuerzo; Navarro, demasiado serio durante todo el día (¿Se estará arrepintiendo de su decisión?); Rudy, el pija que se transforma en 'heavy' cuando salta a la cancha; Felipe, un poco harto de las fotitos y los autógrafos; Garbajosa, el maniático que no quería arrimarse a nadie; Marc Gasol, un cavernícola entrañable que pasaba por allí; Pau, el gran ausente; Víctor Sada, el hombre al que le di una asistencia para que fallara un triple; Juanjo Triguero, el refuerzo del Caja que ha sido un visto y no visto en la selección; y Víctor Claver, un pedazo de 'crack' en todos los sentidos.


La imagen habla por sí misma. Érase una vez un hombre a una espalda pegado. Como Marc me echó su pesado brazo sobre los hombros, yo le rodeé por una cintura infinita... De hecho, no se me ve la mano, ¿verdad? Nunca he visto un diámetro de tren superior igual (supongo que estará a la altura del Enterrador o de Hulk Hogan). Por no hablar de la diferencia de altura (y yo mido 1,82 metros).


Viéndoles trabajar, comprobando cómo Aíto introduce nuevas y enriquecedoras variantes tácticas en ataque y en defensa, cada vez estoy más convencido de que podemos plantarles cara a los americanos (lo de ganar, ya sabéis, depende de que entre o no la pelotita en el último segundo).

martes, 8 de julio de 2008

El final de un sueño


Escalofríos. Insomnio. Duermevela con despertares inquietos. La luz de la farola que penetra por la ventana de mi habitación crea el ambiente perfecto para vivir una noche de vampiros y hombres lobo, de serpientes y veneno en la piel. De repente, la muñeca de Cristóbal Rojas emite un haz de fuego desde la esquina de una cancha color sepia y un balón de colores explota ruidosamente contra el aro. También aparece un holograma de Antonio Márquez subiendo el balón, marcando jugada y diciéndole a Jerome Mincy que corte por la zona. A su lado, el rocoso Devin Devis utiliza sus puños para ganarle la posición a un monstruo de tres cabezas y, en el fondo de la espiral, Jimmy Oliver lanza piedras con un tirachinas para doblegar a una criatura abisal.

En la quinta estación del Averno, esclavos de chaqueta y corbata mueven un torno gigantesco a latigazos para purgar sus pecados mientras cientos de bloques de pisos les caen encima una y otra vez. En lo más profundo del Infierno, los banqueros y sus adláteres cuentan su dinero en un potro de tortura. Se mezcla la sangre con la polución de las fábricas, todo ello sazonado por la miseria humana y los intereses políticos.

Mientras tanto, Vilches se pone su cota de mallas y lucha contra el dragón de la indiferencia, preocupado porque la plebe, la turba, le da la espalda. Un silencio sepulcral recorre todo este paisaje de ‘Sleepy Hollow’. Es el silencio de todos y cada uno de los ciudadanos de una ciudad aletargada, orientada sólo al populismo, la adoración de los distintos vellocinos de oro, el cachondeo, las fuentes, las rotondas y la ignorancia. En mi pesadilla, el páramo de tierra inservible, negra como un pozo petrolífero perdido en el desierto, se llama Huelva y el baloncesto (y el voleibol y otros tantos deportes que han vivido y muerto ante la indiferencia de un pueblo) es su chivo expiatorio.

Los caballos corren desbocados y miles de aves de rapiña merodean por las vísceras del enfermo terminal, dispuestas a sacarle las entrañas en un abrir y cerrar de ojos, en una orgía de sangre y huesos. En el ocaso de los tiempos, Dainenko, Ray Smith, Luis Barroso, Morcillo, Javi Chica, Benítez, Vickery, Álex Burgos, Pablo Martínez, Antonio Gómez, Eric Sánchez y Valdeolmillos lloran lágrimas negras atados al mástil de un barco a la deriva que acabará engullido por el Kraken.

Ya bien entrada la madrugada, dando vueltas compulsivamente en una cama encharcada, mi subconsciente recuerda los dioses que pasaron por esta tierra yerma: Djordjevic, señor del carisma; Herreros, caballero español insigne; Arlauckas, dios de la caza; Tachenko, dios de las alturas; Bennett, amo del tiempo; Garbajosa, señor de los triples; Bodiroga, adalid de los recursos técnicos, y un sinfín de leyendas más.

El día comienza a clarear, pero mi pesadilla se tiñe de color marrón cada vez más. No hace mucho tiempo en una galaxia no muy lejana, una Estrella de la Muerte construida a orillas del Tinto y el Odiel despedaza el planeta Baloncesto con rayos láser de incomprensión e insolidaridad. El jedi Pepe Rodríguez y el padawan Antonio Morón sacan sus espadas láser, pero la guardia imperial, la economía de mercado, la rentabilidad y la falta de compromiso y de amor propio de la sociedad onubense lo llevan al Lado Oscuro de la Fuerza.

Al final del mal sueño, Darth Vader no se quita la careta; las aves de rapiña no se convierten en pájaros de colores; el Kraken no es el abrazo de la victoria; los rayos láser duelen de verdad; el Infierno está lleno de especuladores, de banqueros y de políticos que siguen purgando sus innumerables pecados sometidos a castigos insoportables; la turba sigue inmóvil ante su propia autodestrucción mientras las fuentes, las rotondas y el centro comercial se mantienen en pie.

Trato de despertarme, de alejar los malos augurios con agua purificadora; de convencerme a mí mismo de que las noches de gloria no se han acabado; de que los cuervos, ese ciudadano anónimo, no le han arrancado los ojos al club de sus amores; de que seguiré viendo vibrar a Lolo, a Damián, a Bobby, a Saraiva, a Salazar, a Pedro, a Manoli, a Javi Zalvide y a tantas otras almas que se quedan con el corazón roto. Pero me incorporo con la cara empapada y no sólo es de sudar. Una lluvia ácida cae sobre mis ilusiones y el invierno nuclear se apodera del baloncesto onubense. Cerraré los ojos con fuerza y trataré de volverme a dormir para no enfrentarme a la cruda realidad del vacío, de la nada, de los oscuros tiempos que se avecinan.

miércoles, 25 de junio de 2008

El Anillo Único


Ganas. Convicción. Fuerza. Pasión. Entrega. Cinco elementos primordiales para vencer en cualquier ámbito de la vida. El baloncesto no es una excepción y la paliza que le propinó Boston a Los Ángeles en el sexto partido, por 39 puntos de diferencia, puede abordarse desde varios prismas: la bisoñez de Gasol y casi todo su equipo en las Finales; los errores de Phil Jackson en el planteamiento táctico; la firme voluntad de los verdes por conseguir la gloria, a sabiendas de que el 'Big Three' puede que no tenga otra oportunidad; la veteranía de Posey y Cassell, clave en la consecución del tercer triunfo, etcétera.


Jackson se equivoca al cargar las tintas sobre Pau, porque éste ha jugado de 'cinco', cuando es un 'cuatro' redomado. Ha tenido que percutir contra cuerpos más vigorosos que el suyo y no ha podido salir a tirar y a jugar de cara, porque para eso ya estaba Odom. Sí hay que reconocer que debería haber asumido más tiros a canasta y no haberse preocupado tanto de buscar al compañero mejor posicionado (siempre será mejor un lanzamiento de Gasol bien defendido que un tiro solo de Farmar o de Turiaf).


Ahora se abren muchas incógnitas: ¿Logrará 'Doc' Rivers crear una dinastía con jugadores que rebasan la treintena y, en algunos casos, rozan la cuarentena? ¿Relegará Jackson a Gasol a la suplencia en favor de Odom cuando vuelva Andrew Bynum? ¿Seguirá el buen rollo en el vestuario de los Lakers tras el fracaso en las Finales? ¿Podrán fichar a un base de garantías? Y lo más importante, ¿le pasará factura a Pau el esfuerzo de las Finales en los Juegos Olímpicos? ¿Acusará Ricky su inexperiencia en una competición de adultos? ¿Quién será el descartado: Berni o Claver? ¿Y a qué nivel jugará el ex-defenestrado Garbajosa? Todo esto y mucho más, en los próximos meses.

lunes, 9 de junio de 2008

Tan cerca, tan lejos


Los dos primeros asaltos del combate han tenido un claro color dominante: el verde de los célticos, de la franquicia con más títulos NBA, del parqué añejo y de un equipo blanco que se ha ido degradando hacia el negro vacilón de Paul Pierce, Rajon Rondo y el zahíno de Kevin Garnett. En el primer encuentro, los Lakers tuvieron el coraje de su lado durante la primera parte, pero perdieron el buen karma en la segunda, porque los veteranos suplentes (PJ Brown, Cassell...) dieron la talla, mientras Farmar, Vujacic y Turiaf se perdían en un mar de dudas e imprecisiones.


Gasol no pudo con Garnett y por ahí se fueron las opciones moradas. También influyó decisivamente la pájara de Kobe Bryant, que no se encontró a sí mismo hasta el final del segundo partido. Pau se mostró un poco más agresivo y aportó su calidad en ataque, pero el martillo pilón de Boston destrozó el partido en el tercer cuarto. La épica remontada no se culminó y ahora los Lakers tendrán que ganar tres partidos seguidos en el Staples Center (o por lo menos dos), si quieren tener opciones de ponerse el anillo único.


El carisma de Jack Nicholson, el histriónico Banderas, la eterna Dianne Cannon y el guapete Dicaprio arroparán al 'Barbas' en un apasionante tercer round de una batalla mítica. Para ganar, sólo hace falta estar dispuesto a chocar, chocar y chocar, a tirarse al suelo una y otra vez a por el balón, a tener paciencia, a elegir bien los tiros, a hacer piña y a respetar la camiseta amarilla.

lunes, 2 de junio de 2008

El amarillo da buena suerte


En un mundo lleno de catetos, cobardes, malos amigos e irresponsables, es bueno encontrarse con que la cancha, el parqué o el albero nunca fallan. Pueden fallar las personas, pero el juego está por encima de miserias humanas. Es más, el juego hace grandes a hombres tan lánguidos como Pau Gasol, que vivirá un sueño tremebundo en la madrugada del jueves al viernes, cuando protagonice el salto inicial junto a Perkins, de los Celtics.


Sí, es la final soñada, pero en 21 años todo ha cambiado. Los blancos del Este (Bird, McHale, Ainge o Walton) están ahora en el Oeste y son de Europa (Vujacic, Radmanovic, el propio Pau...) y se da la circunstancia de que Luke (Walton) podrá vivir en sus carnes las batallitas que le contaba su padre Bill. Desde la final entre San Antonio y Detroit, no vivíamos un duelo tan igualado a priori. Cada argumento baloncestístico de los Lakers se contrarresta con otro similar en los Celtics: contundencia bajo tableros y polivalencia para tirar de fuera (Odom, Gasol y Turiaf versus Perkins, Garnett y PJ Brown); tiro exterior (Vujacic, Radmanovic y Fisher contra Allen, Rondo y Posey); rapidez en el contraataque (Rondo versus Farmar) y grandes dosis de carisma.


Bajo mi punto de vista, tres elementos pueden decidir la contienda a favor de la Fiebre Amarilla en una serie a siete partidos: la juventud de su plantilla, la pizarra de Phil Jackson y el mejor jugador del mundo en estos momentos, el intenso Kobe Bryant. Sólo espero que Gasol no falle ningún tiro clave (sería demasiado para su psicoanalista) y que pueda tener su minuto de gloria con algún tapón fundamental o algún gancho 'jabbariano'.


En 21 años, los mandos a distancia, los tatuajes, la mala educación, las videoconsolas y la censura se han multiplicado, pero en el cine siguen echando Indiana Jones; The Police continúa cantando 'Every Breath You Take'; Rambo es el rey de la selva; Modestia Aparte, Hombres G, Tequila, Alaska y La Unión reivindican la movida del siglo XXI; y yo sigo añorando el vídeo Beta. Ojalá, como en 1987, la alegría llegue a las colinas de Hollywood con un alarido de Jack Nicholson, que sigue siendo el mismo.

martes, 22 de abril de 2008

La leyenda de los indomables


Indomables ante la adversidad e inasequibles al desaliento, Antonio Morón, Eric Sánchez, Ugona Onyekwe, Bennerman, Antonio Bustamante, Darius Silinski y Souleyman Drame firmaron una de esas estampas heroicas que se quedan en el corazón de los espectadores para siempre. Siete contra doce. Defensa férrea. Ningún eliminado por cinco faltas. No hay palabras para describir la belleza de la tragedia, la estética de las magulladuras del alma y la inmensa moraleja para las generaciones venideras: en la vida, queridos niños, hay que crecerse ante los obstáculos surrealistas que te impone el devenir de la existencia, el destino y Dios. El triple de Ferrer en el último segundo de la prórroga llegó como un rayo fulminante que, lejos de apagar la llama de la ilusión en Huelva, la renueva con mayor brío.

Todos los astros juntos (y algún que otro incompetente) han querido que un club señero de la tercera mejor liga del mundo esté en situación de quiebra técnica y ninguno de los poderes fácticos de la ciudad (o de fuera) quiere dar un paso adelante para redimir la situación. Para el que no esté familiarizado con el impago de nóminas, para todo aquel que el día 29 de cada mes tiene su dinero en la cuenta religiosamente, voy a explicar cuáles son los síntomas de la enfermedad con la que Morón, Silinski, Sánchez (qué jugador más grande) y compañía tuvieron que afrontar el derbi en el Samuel Aguilar: indiferencia, soledad, angustia, ansiedad, reírse por no llorar, discusiones con la pareja, planteamientos de futuro, insomnio... Y una gran camaradería entre los que se resisten a abandonar un Titanic que hace aguas por los cuatro costados.

Estos luchadores de sumo coraje que hicieron vibrar el sábado a toda Andalucía con una entrega inusitada se merecen que el próximo viernes, en el partido ante el Melilla, toda Huelva le brinde una ovación digna de La Scala de Milán, como si, por un día, estuviéramos en Anfield Road. Deberíamos hacerles un pasillo en la entrada del Palacio de los Deportes y tirarles pétalos de rosa, cual César llegando a Roma. En unos tiempos en los que la mayor preocupación de los onubenses es la salvación del Decano del fútbol español, conviene recordar a este grupo de hombres, a estos siete del patíbulo que han dado, dan y darán lo mejor de sí mismos sólo por dignidad y, como diría Pepu, p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l-i-d-a-d, sin olvidar a ese abnegado entrenador llamado Pepe Rodríguez, que ha aguantado carros, carretas, charrés y demás ruedas de molino durante una temporada que ha hecho 'crack' en la bolsa del baloncesto de la vieja Onuba.

Con personas comprometidas como Perico Zalvide, el 'Monchi' del baloncesto LEB, o el añorado Benjamín Naranjo (gran persona, gran profesional, un ejemplo de honestidad, integridad y cordura en tiempos revueltos), que le roba tiempo al día para pensar en posibles soluciones, o la propia Lola Daza y todos aquellos que crearon y forman parte actualmente de la Asociación de Amigos del Baloncesto, existe todavía un hálito de esperanza.

De todas formas, gracias a los siete gladiadores que dieron ejemplo de virtud el sábado en Los Barrios. Os ganásteis el respeto de la España baloncestística y la admiración de nuevos seguidores que, gracias al recital de pasión desbordada de esa mañana inolvidable, le pegarán la patada al balón de fútbol y empezarán a buscar la canasta más cercana.