miércoles, 19 de diciembre de 2007

18 años sin Fernando Martín


Tenía todos los atributos de un líder nato: carisma, intensidad, fuerza, técnica, coraje... Y su fallecimiento, el 3 de diciembre de 1989, dejó huérfano al Real Madrid, a la selección y a los aficionados al baloncesto. Nunca olvidaré cómo recibí la noticia: estaba sentado en la camilla haciendo los deberes de 1º de BUP cuando comenzaron las noticias en Canal Sur, con aquella presentadora tan atractiva que presentaba La Jugada y, posteriormente, Reporteros (ahora no sé dónde anda). Ella fue la que dijo las terribles palabras: "El jugador de baloncesto Fernando Martín ha fallecido en accidente de tráfico...". No pude reprimir las lágrimas y me fui corriendo al salón para darle la noticia a mi madre, que le estaba haciendo un vestido a Paqui, la primera novia de mi hermano, en la mesa de corte y confección que habíamos instalado en el comedor. Y luego, el vacío. El silencio. La nada.


Reflexionando sobre estas casi dos décadas, podemos afirmar que Fernando Martín, de la mano de Lolo Sainz y Díaz Miguel, fue precursor del básket moderno. Con su altura, corría perfectamente el contraataque y tenía una complexión física y una intuición del juego que le permitía salirse fuera de la zona para lanzar de vez en cuando. Su talón de Aquiles, los tiros libres. Mítica era su forma de protestar a los árbitros, con aquel gesto torcido, casi de infante que pierde a su madre o de niño pequeño al que le quitan la piruleta.


Todavía tengo grabado en una cinta BETA un poema que le dedicó Ramón Trecet en 'Cerca de las Estrellas'. Venía a decir algo así: "Tú, con tu dulce soga al cuello, ahora te encuentras más cerca de las estrellas... Que nunca". Antonio sentía el mismo amor por el baloncesto (y un tiro de tres a lo Garbajosa), pero nunca llegó a epatar como lo hizo Fernando. Quizá por ser el primer jugador español en entrenarse con el torso desnudo en Central Park y luchar por un rebote con Tom Chambers, Abdul-Jabbar, Jack Sikma y Karl Malone.


De rostro impertérrito, esculpido en roca, era de las pocas personas en las que voz y cuerpo van de la mano, como una auténtica sinfonía (pensemos en Clark Gable, Juan Carlos Navarro o el líder de las Comunidades Neocatecumenales de los Dolores). Nunca olvidaré el partido que jugó el Real Madrid, unos días después del trágico suceso, ante el Paok de Salónica. Entre lágrimas, los compañeros y amigos de Martín sacaron una garra inédita para hacerle el mejor homenaje al ídolo caído, ganando de paliza al conjunto griego con la camiseta del '10' y un ramo de flores en el banquillo (aquel abrazo de Lolo Sainz y Llorente... De lo más emotivo que he visto en una cancha junto con las lágrimas de Alberto Angulo tras ganar a Lituania en cuartos del Eurobasket 99).
No creo que en el cielo haya internet (no habrá conexión), pero que sepa todo tu entorno que los aficionados (y neófitos también debido a su relación sentimental con Ana Obregón) seguimos echándote de menos y que contaremos aquellas batallas legendarias con Audie Norris; aquellos 'play offs' a muerte contra los Epi, Solozábal, Jiménez, Sibilio y compañía; y aquellos ganchos a tablero tras rebote ofensivo rabioso, a las generaciones venideras. 'Youtube' y tu hijo Jan, que juega en el filial del Madrid (y que parece que nunca llegará a tu nivel), se encargarán del resto. Al igual que Gasol, Calderón, Garbajosa, Navarro y demás jugadores de otro planeta, dejaste una huella imborrable en nuestros corazones.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Ricky Rubio, el jugador total


Tiene cejas pobladas como Macario, pero nadie se ríe de él. Anda un poco desgarbado, casi sin cuello (como otro prodigio, el díscolo Fernando Alonso), con las calzonas por los tobillos y con un rostro que nunca refleja ni sufrimiento ni alegría ni desasosiego ni cansancio. Sólo concentración e intensidad.


Pude ver de cerca al fenómeno Ricky Rubio el pasado sábado en el San Pablo y, en unos pocos minutos, dio un clinic de pase, tiro, dribbling y defensa. El posible número 1 del draft de 2009 tiene 17 años y empezó a jugar en la ACB a los 14, con lo que tiene ya mucha más experiencia que otros nuevos valores (mayores que él) como Víctor Claver o Sergi Llul. Y tiene en su haber la canasta más decisiva y espectacular de la historia de la selección española: el tiro en suspensión desde el centro del campo que le dio la prórroga (y la victoria ulterior) a España cuando Rusia ya celebraba el oro del Eurobasket ¡CADETE! de 2006 en Linares con unos números de otro planeta.


Puede jugar (de verdad, Lolo) en tres posiciones, pero quizá su mayor virtud sea la capacidad de penetrar y doblar y su capacidad innata para robar balones y forzar faltas en ataque. Y la cabeza de jugador maduro por obra y gracia de sus padres. Me imagino a Ricky convirtiéndose en Ricardo los lunes por la mañana al entrar en el instituto. Ligará tela, sobre todo porque habrá compañeras suyas barrillosas que tengan un póster de Ricky en la carpeta. Y el profesor de Educación Física, dejando un rastro sospechoso de baba, le dirá que cuente batallitas de la ACB en clase y le pasará la mano en el Test de Cooper.


La sociedad Ricky-Rudy va a darle grandes alegrías esta temporada al Joventut y puede que ese dúo mágico vuelva a darse en la NBA, aunque actualmente Ricky es suplente de Rudy la mayor parte del tiempo. Estamos ansiosos por ver cómo se deselvuelve el Cyrano de Bergerac del básket con Felipe, Navarro, Calderón y compañía en la selección española sénior. Esperemos verle brillar en el país del Sol Naciente.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La verdad sobre Alberto Cuevas


Durante muchos, muchos años, he pensado que mi mejor triunfo baloncestístico fue el dos contra dos que ganamos mi hermano Manolo y yo a José Javi y a su primo Óscar en aquel maravilloso verano del 88 (una dulcísima revancha tras la inolvidable paliza recibida, 36-2, en la añorada cancha de albero de Los Dolores). Con el paso del tiempo, jugué un una contra uno contra el intenso Olivares y le gané con un tiro lateral de cinco metros y medio (100-97), otro triunfo que se encuentra por derecho propio en el 'top five'. Ha habido partidos entrañables -como el de la despedida de soltero-, pero una de las victorias más grandes que he logrado ha sido que en una oficina de Triana, un sevillista acérrimo como Alberto Cuevas Caneo -en la imagen- hable de básket y se interese por el básket.

Este espécimen, criado en los arrabales de Constantina en el buen vivir, buen beber y buen comer, comenzó siendo para mí un martillo pilón del chascarrillo, la broma fácil, el chiste de mal gusto, la prepotencia de bastón, gomina y golpe de pecho... Un sevillano marcado por el estereotipo, vamos. Sin embargo, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que Alberto, el 'Tuchi', es de esas personas que nunca te dejarán tirado si tienes un imprevisto. Un buen compañero que tiene que enseñar los dientes para hacerse respetar en este mundo de víboras.

Hay que mirar más allá de la boca de buzón, del amarillo de la cerveza y del verde de sus comentarios sexistas. Yo he podido ver la emoción en sus ojos con los títulos del Sevilla FC, pero también la he visto cuando le contaba mi experiencia en el Eurobasket, cuando rememoraba el fallo de Pau o cuando hablaba con 'Yova' de la Semana Santa. Si miras más allá y no te quedas en la superficie, hallarás un oceáno donde la belleza de los corales puede más que la negra tinta del calamar.
Todos tenemos máscaras para relacionarnos con el prójimo. Unos más callados, otros en plan 'heavy', algunos siguiendo el lema 'La mejor defensa es un buen ataque'... Por eso, hay que apartar los árboles para poder vislumbrar el bosque de Cuevas, que ya está repleto de la imparable plaga del deporte de la canasta.
Sé que mañana volverá a meterse con la ría de Huelva, Fertiberia y el Recreativo. Sé a ciencia cierta que volverá a llamarme portugués, a vacilarle a la santa Elena y a llamarle Dominguín a Luis Manuel. Sé incluso que bordeará a Carmencita con lo de 'rubia de bote'. Pero también sé que es el único de toda la oficina (en realidad de todas las personas que he conocido desde que empezó ésta, mi segunda etapa en Sevilla) que se ha ofrecido a jugar conmigo a baloncesto, que para mí significa mucho (sobre todo sin gustarle demasiado y sin haber tocado un balón desde hace por lo menos 10 años). Que un futbolero como él se olvide por un momento de Kanouté y me pregunte por Gasol o me mande un SMS (no le cuesta dinero, eso sí) hablando de Sergio Rodríguez es una mano tendida, un abrazo sin brazos, una soledad compartida entre tanto penalti y tanto 'Lopera, vete ya'.
Si ven alguna vez a este hombre, no le juzguen a la primera. No tomen en cuenta sus salidas de tono. Ni siquiera sus guarrerías. Simplemente sepan que detrás de la máscara de la juerga hay una persona sensible y altruista que quiere salir a la luz. Pondremos las bombillas que sean necesarias y reajustaremos la realidad para hacer un óptimo seguimiento a este inolvidable personaje.

martes, 13 de noviembre de 2007

El hijo de Dios


Se llama Jeffrey Jordan, pero no es Michael. Sólo he visto una fotografía de él, pero la pinta que tiene es la de un jugador del montón, aunque espero que haya heredado al menos el carácter ganador de su padre. Uno de los vástagos del mejor jugador de la historia debutó la pasada noche con la Universidad de Illinois.


No fue precisamente el partido soñado ante los 16.618 espectadores que poblaron las gradas del Assembly Hall en Champaigne. Su padre, se lo perdió, seguramente porque sabía que Juanita, su ex mujer que le pide más de 150 millones de dólares por el divorcio, iba a estar en las gradas. Apenas jugó tres minutos en la segunda parte y pagó la novatada propia de un freshman (jugador de primer año). La gran pregunta es si también penetra hacia canasta haciendo burla.


Podríamos escribir un tratado sobre 'los hijos de' y casi siempre las comparaciones son odiosas. Acuérdense de David Brabender, base discreto que pasó por equipos como Fuenlabrada o Gran Canaria y nunca pudo quitarse el lastre de la leyenda de Wayne, uno de los precursores del baloncesto en nuestro país bajo el ala sabionda de Díaz Miguel. Tirador excelso, Wayne Brabender fue, junto con Clifford Luyk, el primer extranjero nacionalizado de nuestro básket y realizó diabluras en la cancha, incluida la famosa victoria ante la URSS en las semifinales del Eurobasket de 1973, cuando las diferencias eran abismales.


Qué decir de Andrea Meneghin. Hijo del mítico Dino Meneghin, se formó en la cantera del Pallacanestro Varese, debutando en 1990 en el equipo que también vio brillar a su padre dos décadas atrás. Era un escolta de 2 metros, que incluso podía jugar de base dado su buen manejo de balón. 1999 fue su gran año. En compañía de otros jugadores, como el puertorriqueño Daniel Santiago o sus compatriotas Giacomo Galanda y Gianmarco Pozzecco, llevó al Pallacanestro Varese a ganar la LEGA (Liga italiana), algo que no sucedía desde 1978. Además, para redondear el año, ganaría con la selección italiana el oro en el Eurobasket 99, venciendo a España en la final. En el año 2000 fichó por el Fortitudo Bolonia, donde jugaría dos años. No tuvo mucha suerte y en 2002 volvió a Varese, donde problemas con las lesiones llevaron a retirarle prematuramente en 2005. En la actualidad, es entrenador asistente del Pallacanestro Varese.


Gonzalo Martínez en el Estudiantes sigue dando guerra, equipo donde milita el hijo de otro histórico, José Manuel Beirán, que formó parte de la selección de plata de Los Ángeles. Beirán júnior pinta bien y es de los pocos casos en los que el alumno superará seguro al maestro. El que lo tiene crudísimo es Jan Martin, vástago del añorado Fernando Martín. Se encuentra actualmente en el filial del Real Madrid y va convocado con el primer equipo (¿será porque su tío Antonio es el director deportivo de la sección de básket blanca?), pero le queda mucho por mejorar si quiere acercarse a la mitad de lo que fue su padre, al igual que el primogénito de Arvydas Sabonis, un rubio barrilloso que milita actualmente en las filas del Unicaja de Málaga.


Es la crueldad de tener un padre mítico. Pasa en otros ámbitos de la vida, como el hijo de Raphael, que tiene un grupito del que nadie recuerda su nombre, o Paquirrín, quizá el caso más paradigmático. Y pasará con Jeffrey Jordan, que soñará con meter canastas imposibles sobre la bocina y con ser tan determinante que hasta tus propios compañeros parecen mejores de lo que son en realidad. Que se lo pregunten a Buchler, BJ Armstrong o a Bill Cartwright. No sé si algún día el hijo de Larry Bird dírá sobre Jeff: "Hoy Dios se ha vestido de Jordan". Que vaya rezando.
Otra reflexión que me invade al contemplar a Jeff Jordan es que el tiempo pasa inexorablemente y que nos estamos haciendo viejos poco a poco. Parece que fue hace dos días cuando Mike sentenció a Malone y Stockton con la mejor jugada de su dorada carrera y ya está en la cancha el mocoso Jordan. Cómo hemos cambiado...

lunes, 22 de octubre de 2007

El largo adiós


Gracias por brindarme una semana inolvidable. Por el VIPS y los paseítos. Por 'La Panza es primero' y por los viajes en el túnel del tiempo del metro madrileño. Por el chuletón del Abrasador y por la foto del Ángel Caído. Por ese pasillo interminable y las chocolatinas suizas de madrugada. Por el bocadillo de calamares y el Alpe D'Huez hacia el Arena. Por la batería del Sony Ericsson y el manual de 'Cómo ligar en dos minutos'. Por la magia, por las conversaciones irrepetibles sobre la historia de nuestro deporte, por todo.


Al jaranero 'Pupi' y al Catedrático del Basket.

Toro Salvaje


Lo interesante es imaginar lo que estaba pasando de pecho para abajo. No, el toro de gomaespuma no me estaba cogiendo la minga. Sólo me pegó un puñetazo en la boca del estómago. Dan fe Juanma González y Alfonso, que se divirtieron de lo lindo ese día.

Oda a la afición griega


Siempre he criticado la violencia de la hinchada griega en baloncesto. Cabe recordar los lanzamientos de botellas, monedas y sillas en Salónica (Epi, Sibilio y Norris dan fe) o las amenazas a aficionados de otros países o equipos. Sin embargo, este Eurobasket revelador me ha reconciliado con ellos, con su magia, impuesta a golpe de ritual tribal. Pone los pelos de punta cuando todos dan la espalda a sus jugadores, agarrados, botando sin cesar y cantando una especie de mantra incunable. Junto a los lituanos, fueron los únicos que animaban sin cesar durante el partido, desde el calentamiento hasta que se iba el utillero gordinflón. Suerte de marea azul, caras pintadas, capas, tambores, banderas... Los dioses deben estar contentos, aunque se quedasen a las puertas de medalla.


La instantánea es un ejemplo de comunión entre dos culturas, dos países, dos pasiones y dos filosofías de basket: la diosa griega que me roza empezó y acabó con una sonrisa, a sabiendas de que lo importante es disfrutar del camino y de que los cámaras de La Sexta estaban locos por ella. El onubense rellenito se ilusionó como siempre y estuvo una semana en plan autista porque la puñetera canasta se salió del aro en un espectáculo dantesco de birlibirloque. Y, mientras, Helena 'Ojos Azules' regresó a Mikonos con su maromo disfrazado y con la certeza de que siente verdadera devoción por las penetraciones de Papaloukas y Diamantidis. Yo, por mi parte, me enamoré de Calderón, volví a Santiponce y recordé que, hace unos años, bajábamos la cabeza tras ser eliminados en cuartos o en la liguilla. La venganza se convertirá en un cuento chino.