lunes, 9 de junio de 2008

Tan cerca, tan lejos


Los dos primeros asaltos del combate han tenido un claro color dominante: el verde de los célticos, de la franquicia con más títulos NBA, del parqué añejo y de un equipo blanco que se ha ido degradando hacia el negro vacilón de Paul Pierce, Rajon Rondo y el zahíno de Kevin Garnett. En el primer encuentro, los Lakers tuvieron el coraje de su lado durante la primera parte, pero perdieron el buen karma en la segunda, porque los veteranos suplentes (PJ Brown, Cassell...) dieron la talla, mientras Farmar, Vujacic y Turiaf se perdían en un mar de dudas e imprecisiones.


Gasol no pudo con Garnett y por ahí se fueron las opciones moradas. También influyó decisivamente la pájara de Kobe Bryant, que no se encontró a sí mismo hasta el final del segundo partido. Pau se mostró un poco más agresivo y aportó su calidad en ataque, pero el martillo pilón de Boston destrozó el partido en el tercer cuarto. La épica remontada no se culminó y ahora los Lakers tendrán que ganar tres partidos seguidos en el Staples Center (o por lo menos dos), si quieren tener opciones de ponerse el anillo único.


El carisma de Jack Nicholson, el histriónico Banderas, la eterna Dianne Cannon y el guapete Dicaprio arroparán al 'Barbas' en un apasionante tercer round de una batalla mítica. Para ganar, sólo hace falta estar dispuesto a chocar, chocar y chocar, a tirarse al suelo una y otra vez a por el balón, a tener paciencia, a elegir bien los tiros, a hacer piña y a respetar la camiseta amarilla.

lunes, 2 de junio de 2008

El amarillo da buena suerte


En un mundo lleno de catetos, cobardes, malos amigos e irresponsables, es bueno encontrarse con que la cancha, el parqué o el albero nunca fallan. Pueden fallar las personas, pero el juego está por encima de miserias humanas. Es más, el juego hace grandes a hombres tan lánguidos como Pau Gasol, que vivirá un sueño tremebundo en la madrugada del jueves al viernes, cuando protagonice el salto inicial junto a Perkins, de los Celtics.


Sí, es la final soñada, pero en 21 años todo ha cambiado. Los blancos del Este (Bird, McHale, Ainge o Walton) están ahora en el Oeste y son de Europa (Vujacic, Radmanovic, el propio Pau...) y se da la circunstancia de que Luke (Walton) podrá vivir en sus carnes las batallitas que le contaba su padre Bill. Desde la final entre San Antonio y Detroit, no vivíamos un duelo tan igualado a priori. Cada argumento baloncestístico de los Lakers se contrarresta con otro similar en los Celtics: contundencia bajo tableros y polivalencia para tirar de fuera (Odom, Gasol y Turiaf versus Perkins, Garnett y PJ Brown); tiro exterior (Vujacic, Radmanovic y Fisher contra Allen, Rondo y Posey); rapidez en el contraataque (Rondo versus Farmar) y grandes dosis de carisma.


Bajo mi punto de vista, tres elementos pueden decidir la contienda a favor de la Fiebre Amarilla en una serie a siete partidos: la juventud de su plantilla, la pizarra de Phil Jackson y el mejor jugador del mundo en estos momentos, el intenso Kobe Bryant. Sólo espero que Gasol no falle ningún tiro clave (sería demasiado para su psicoanalista) y que pueda tener su minuto de gloria con algún tapón fundamental o algún gancho 'jabbariano'.


En 21 años, los mandos a distancia, los tatuajes, la mala educación, las videoconsolas y la censura se han multiplicado, pero en el cine siguen echando Indiana Jones; The Police continúa cantando 'Every Breath You Take'; Rambo es el rey de la selva; Modestia Aparte, Hombres G, Tequila, Alaska y La Unión reivindican la movida del siglo XXI; y yo sigo añorando el vídeo Beta. Ojalá, como en 1987, la alegría llegue a las colinas de Hollywood con un alarido de Jack Nicholson, que sigue siendo el mismo.

martes, 22 de abril de 2008

La leyenda de los indomables


Indomables ante la adversidad e inasequibles al desaliento, Antonio Morón, Eric Sánchez, Ugona Onyekwe, Bennerman, Antonio Bustamante, Darius Silinski y Souleyman Drame firmaron una de esas estampas heroicas que se quedan en el corazón de los espectadores para siempre. Siete contra doce. Defensa férrea. Ningún eliminado por cinco faltas. No hay palabras para describir la belleza de la tragedia, la estética de las magulladuras del alma y la inmensa moraleja para las generaciones venideras: en la vida, queridos niños, hay que crecerse ante los obstáculos surrealistas que te impone el devenir de la existencia, el destino y Dios. El triple de Ferrer en el último segundo de la prórroga llegó como un rayo fulminante que, lejos de apagar la llama de la ilusión en Huelva, la renueva con mayor brío.

Todos los astros juntos (y algún que otro incompetente) han querido que un club señero de la tercera mejor liga del mundo esté en situación de quiebra técnica y ninguno de los poderes fácticos de la ciudad (o de fuera) quiere dar un paso adelante para redimir la situación. Para el que no esté familiarizado con el impago de nóminas, para todo aquel que el día 29 de cada mes tiene su dinero en la cuenta religiosamente, voy a explicar cuáles son los síntomas de la enfermedad con la que Morón, Silinski, Sánchez (qué jugador más grande) y compañía tuvieron que afrontar el derbi en el Samuel Aguilar: indiferencia, soledad, angustia, ansiedad, reírse por no llorar, discusiones con la pareja, planteamientos de futuro, insomnio... Y una gran camaradería entre los que se resisten a abandonar un Titanic que hace aguas por los cuatro costados.

Estos luchadores de sumo coraje que hicieron vibrar el sábado a toda Andalucía con una entrega inusitada se merecen que el próximo viernes, en el partido ante el Melilla, toda Huelva le brinde una ovación digna de La Scala de Milán, como si, por un día, estuviéramos en Anfield Road. Deberíamos hacerles un pasillo en la entrada del Palacio de los Deportes y tirarles pétalos de rosa, cual César llegando a Roma. En unos tiempos en los que la mayor preocupación de los onubenses es la salvación del Decano del fútbol español, conviene recordar a este grupo de hombres, a estos siete del patíbulo que han dado, dan y darán lo mejor de sí mismos sólo por dignidad y, como diría Pepu, p-r-o-f-e-s-i-o-n-a-l-i-d-a-d, sin olvidar a ese abnegado entrenador llamado Pepe Rodríguez, que ha aguantado carros, carretas, charrés y demás ruedas de molino durante una temporada que ha hecho 'crack' en la bolsa del baloncesto de la vieja Onuba.

Con personas comprometidas como Perico Zalvide, el 'Monchi' del baloncesto LEB, o el añorado Benjamín Naranjo (gran persona, gran profesional, un ejemplo de honestidad, integridad y cordura en tiempos revueltos), que le roba tiempo al día para pensar en posibles soluciones, o la propia Lola Daza y todos aquellos que crearon y forman parte actualmente de la Asociación de Amigos del Baloncesto, existe todavía un hálito de esperanza.

De todas formas, gracias a los siete gladiadores que dieron ejemplo de virtud el sábado en Los Barrios. Os ganásteis el respeto de la España baloncestística y la admiración de nuevos seguidores que, gracias al recital de pasión desbordada de esa mañana inolvidable, le pegarán la patada al balón de fútbol y empezarán a buscar la canasta más cercana.

martes, 26 de febrero de 2008

Salvemos al Ciudad de Huelva


Sé que no llegaré a mucha gente, pero creo que debo explayarme aquí sobre la realidad del baloncesto onubense. Vivimos una era de estrés mediático, de intereses creados y de barreras en forma de pulso político que impiden ver más allá de los árboles al borde de la carretera. Pero, a lo largo de mi trayectoria vital, siempre he mantenido mis principios y el ingrediente básico de la fórmula para conseguirlo es muy sencillo: tener memoria histórica y darle a cada uno lo que se merece en cada momento.


Es el caso del Club Baloncesto Huelva. Amigos, compañeros y conocidos míos se manifiestan hoy en favor del Ciudad de Huelva, para que la ilusión que ha generado a lo largo de tantos años no se desvanezca como la promesa de un político. Precisamente éstos se lo han cargado. Y la indiferencia del pueblo onubense, claro. No se puede ir a ver a un equipo de tu ciudad sólo cuando va bien, o sea, en los play offs y, para más inri, en la eliminatoria por el ascenso. No es así como se crea un club ganador, un Unicaja o un Gran Canaria o un Iurbentia Bilbao. No.


Al equipo de tu ciudad, llámese Ciudad de Huelva o Cajahuelva (eso es lo de menos), hay que apoyarlo siempre desde la base, desde el núcleo familiar, convirtiendo el día del partido en una excursión maravillosa, como hacen los americanos y como se hace en el fútbol español. La afición tiene que estar siempre presente y de forma contundente, para callarle la boca a los advenedizos con corbata que reprochan: "El baloncesto no vende", o "¿Para qué voy a poner dinero si vienen cuatro?".


Este razonamiento me lleva al segundo culpable de la enfermedad terminal de mi querido CB Huelva: la Administración regional, local y estatal. Como entidades públicas, tienen el deber de apoyar económicamente y moralmente (moral=búsqueda de patrocinadores privados) a este club que, no olvidemos, ha jugado dos play offs por el ascenso en los últimos cuatro años (por cierto, maldito churro de canasta el de aquel gordo seboso hace ya 10 años que sigue pesándonos como una losa) y es el más veterano de la Liga LEB.


Otra víctima de este tercer grado: las empresas de Huelva. No me creo que en una provincia que genera miles de millones de euros en turismo, comercio, industria (Cepsa, Atlantic Copper, Fertiberia... ¿Dónde están esos contaminadores cuando se les necesita?) y agricultura (fresas, naranjas, arándanos, productos ecológicos...) no haya dinero para mantener a un modesto club de Segunda división de baloncesto. Pero es peor: no hay empresarios que quieran dar la cara en ruedas de prensa por el baloncesto, que quieran verdaderamente luchar día a día por lograr el sueño de la ACB. Sólo hay Recre, Recre y Recre.


La Federación Española tampoco es ajena a este problema: los clubes pagan un dinero por jugar en sus ligas, por lo que la FEB ya debería haberse reunido con el alcalde de Huelva para buscar soluciones que pasan siempre por un concierto entre iniciativa privada y pública. Sólo nos queda rezar por que haya cinco héroes en la plantilla que quieran quedarse y salvar la temporada. Y por que la gente hoy se movilice y que los medios de comunicación les hagan caso. El CB Huelva juega en la avenida de las Fuerzas Armadas y eso es lo que necesita, un ejército de almas que griten a los cuatro vientos que el sur baloncestístico también existe y que hay cosas en la vida por encima de las promesas banales, la hipocresía y los enfrentamientos ideológicos. Se está jugando con la ilusión de un niño que coge el balón cada día para entrenar con su equipo del colegio; se está jugando con el esfuerzo de una cría que quiere saltar más que nadie para coger un rebote; se está jugando con la dedicación de unos padres que inculcan los valores del deporte de equipo a sus hijos para hacerlos mejores personas; se está jugando con el trabajo arduo y sordo de cientos de árbitros, jueces de mesa, operarios de mopa, animadoras, 'speakers', etcétera, que dejan su vida cada fin de semana para asumir su rol en el engranaje del baloncesto onubense. Se está jugando con la destrucción de un legado inigualable que va de la figura de Cristóbal Rojas a la cantera del Atalaya, pasando por los grandes momentos en el Estrada, con ascenso y posteriores canastas de Djordjevic, Herreros y Arlauckas incluidas.


Y todo eso está por encima de la burocracia, las reuniones con sonrisa falsa y los desprecios de analfabetos que creen saber hacer la 'O' con un canuto y en realidad sólo esconden su ignorancia con un cargo que le viene demasiado grande. El Ciudad de Huelva no es una marca. Es un sentimiento unido por el fervor de muchas personas que, aunque no se refleje en la asistencia al pabellón cada viernes, cristaliza en el amor por el deporte y sus hazañas lejos de la corrupción del fútbol, lejos de la mediocridad y muy cerca de los corazones de un colectivo que clama al cielo para que el segundo emblema deportivo más importante de la ciudad no desaparezca por la estupidez de unos pocos. Ahora, más que nunca, salvemos al Ciudad.

Gasolazo al final de la colina


Mientras mis compañeros y, sin embargo, amigos de Ceimagen hablan todavía sin cesar del 'Kanoutazo al final de la Palmera' refiriéndose al derbi Betis-Sevilla de Copa de la pasada campaña, yo ya he hecho mi propia adaptación: "Gasolazo al final de la colina (de las estrellas)". Los números refrendan la buena decisión tomada por los jefazos de la franquicia angelina: desde la llegada de ET, ocho victorias seguidas y a por la novena esta noche frente al jovial equipo de Sergio Rodríguez.


Pau elogia la organización que recorre de parte a parte a los LA Lakers, desde la sonrisa del utillero hasta la palmadita en la espalda del propietario, pasando por esos aficionados que se abalanzan sobre su maltrecha espalda pidiendo a gritos una foto o una firma de cualquier forma. Sólo hay que observar al equipo de preparadores físicos: uno de ellos no le quita ojo y le ha dado una tabla de ejercicios que debe hacer antes de los partidos. Como si estuviéramos en Rocky 2, el rústico entrenador sale con él a la cancha del Staples Center, le amarra los brazos y las piernas y le invita de forma contundente a realizar desplazamientos laterales, hacia delante y hacia atrás. Tiene que pasar del Robocop actual a un Nureyev de la canasta.


Los '(Phil) Jackson Eleven' han detectado el talón de Aquiles de Gasol: su lentitud en los desplazamientos defensivos y no han tardado en ponerle a un perro de presa para mejorar ese aspecto. Y él, jodido, cansado, pero encantado. No en vano Kobe no deja de echarle flores, olvidándose de su super-ego, y Lamar Odom ya se siente mejor persona. Y con el peliculero Fisher de base; Farmar poniendo una intensidad digna del 'Mike'; Turiaf haciendo los gestos contundentes que todavía le faltan a Pau; Vujacic y Radmanovic reivindicando sus apellidos y el inminente regreso del 'center' Bynum, el hombre que falló la canasta más importante de la historia de la selección española tiene ante sí una buena forma de resarcirse de ese craso error: llegar a las Finales de la NBA, ganarlas y luego, contagiar de ese espíritu ganador de máximo nivel a sus compañeros en Pekín y terminar el ciclo con un oro olímpico que terminaría por cerrar todas las heridas aún abiertas en nuestro sentimiento más patriótico.


Y ese salto de calidad defensivo que dará Pau en los Lakers le viene muy bien a su hermanito Marc, que debe coger el testigo cuando el mayor de los Gasol, cansado de tanta competición y de tanta percusión bajo los aros, se retire de la selección dentro de poco tiempo. Mientras tanto, disfrutemos de lo lindo de la interacción entre la barbucha de Pau, las cejas de Jack Nicholson y los recuerdos del 'showtime' de Magic, Worthy, Byron Scott y Abdul Jabbar, que se entremezclan con un presente ilusionante, emocionante que, como dice Santiago Segurola, reverdece los mejores laureles de esta liga con un soñado Lakers-Celtics en las Finales. Así sea.

lunes, 21 de enero de 2008

Aquel verano de 1993


Recuerdo aquel verano con la limpieza de un arroyo de la Sierra de mi tierra. Recuerdo aquellos días como se recuerda sólo lo más sagrado, lo fundamental, la película de tu vida en un instante límite, en el punto de no retorno. Aquel verano de 1993, ajenos a la globalización y a los problemas de la vivienda en España, nos creíamos los amos del mundo desde nuestra atalaya del Instituto Diego de Guzmán y Quesada. Dos hombres y dos mujeres bebiéndose la vida en una canasta dorada o, más bien, un soporte de macetas. Al menos, eso es lo que parecían los aros del Femenino que, 15 años después, siguen impertérritos ante la dejadez humana, ante la indiferencia de los adolescentes que no saben la belleza que esconde esa cancha que marcó mi vida de por vida.


En ese marco, repleto de graffitis incomparables y algún que otro porrito pisado en el suelo, nació una ilusión, como diría cierto cantante con cinto. Amor y baloncesto fueron de la mano con la banda sonora de George Moustaki y Lenny Kravitz. La chica de mirada luminosa hacía sus progresos en el lanzamiento de media distancia mientras yo no terminaba de lanzarme. Mientras, mi viejo amigo JM le enseñaba penetraciones a Bea. Dos contra dos, mil 21, bombillas, concursos de triples... Las tardes se consumían con una intensidad nunca vista. Cuando llegaba la noche, nos tumbábamos en la cancha a mirar las estrellas y a arreglar el mundo con la palabra. Cuando hacía pasos, yo la quería el doble. No había tiempos muertos en aquella cascada de emociones.


Y llegó el colofón. El final del verano llegó, yo partí a Sevilla, pero el fuego de la pasión nos consumió a los dos para renacer un año después y celebrar juntos (dentro de unos días) 12 +1 inviernos llenos de luz. Ella ha ido depurando su tiro y yo mis formas, dentro y fuera de la cancha. Ella ya no escucha a Moustaki, pero yo sigo cantándole al oído por Roch Voisine. Yo he ensanchado bastante, pero ella está más guapa que nunca. Ya no aguantamos cinco horas sobre la pista de basket, pero el tiempo se va volando en el Día-Noche-Día-Noche juntos. Ella es capaz de meter 30 puntos por partido y yo me muero por taponar a Lolo.


Ella estuvo a punto de la retirada, pero se lo pensó mejor. Se dio cuenta de que seguimos viviendo ese verano de rosas rojas, de caminatas a la Hispanidad, de atardeceres en el Conquero, de risas, de proyectos que se han hecho realidad, de ideas locas y locos sueños. Ella no puede retirarse nunca, porque todos la reclaman como un ángel dentro y fuera de la pista. Debe seguir orientándonos con su defensa, sus bloqueos y su capacidad de supervivencia en un entorno hostil. Lanzada hacia el triunfo vital, ella penetra a canasta y yo quiero penetrar... Hacia ella. Hemos vivido tantas batallas ganadas en el último segundo que quiero seguir jugando contigo de poder a poder esta final con prórroga infinita. Quiero darte mil asistencias para que podamos sumar los dos en el camino de la vida. Y gritar, y sentir que la realidad supera a la ficción y que aquel verano se repite cada día.


Ella ha mejorado su porcentaje con los años y ya me gana los 21. Ella me ha mejorado como persona y ahora peso sólo 21 gramos, porque siento la fuerza de mi alma, el poder del amor y el camino hacia la felicidad. Fluye. Se difumina en el aire como los fuegos artificiales y reaparece con el sonido de su voz. El aro del Femenino se convirtió en Anillo de Campeón. Ambos fuimos clave en el logro de ese título. Ella lo dio todo y yo me dejé la piel. Ella se llama Laura, me acompañó a la final del Eurobasket 2007 y me cautivó en el verano de 1993. Aquel largo, cálido y maravilloso verano.

La cara oculta de los campeones


Algo se intuía, pero nunca pensé que podría ser verdad. Me confirma una persona que ha convivido estos tres últimos veranos con la selección española absoluta en sus respectivas concentraciones para los dos Eurobasket y para el Mundial que Garbajosa, Berni y compañía son "unos creídos que te miran por encima del hombro y que no te dan ni los buenos días". Los peores son Gasol y Rudy, que van de estrellas, y los más humildes, Calderón y Navarro.




Esta información desmitifica un poco esa imagen que tenemos todos de grupo de amigos, de piña inigualable capaz de ganar oro tras oro (si Holden lo permite) jugando de cine y haciendo el teatro justo. Pero, cuando las cámaras se apagan, estos privilegiados se vuelven personas normales, con sus contradicciones, sus arrebatos, sus miedos, sus imperfecciones, sus defectos y sus sombras, claro.




"Gasol parece que está en otro mundo. O mejor dicho, está en su mundo". No me extraña. Hay que analizar la situación de este hombre: es un joven (todavía no tiene 30 años) que lleva ya muchos años en primera plana, sometido a muchas presiones y dando lo máximo en la Liga más exigente. Y, a pesar de lo que diga este individuo que cree conocer a nuestras estrellas, nunca se le ha visto un mal gesto ante un periodista (como un Raúl o un Fernando Alonso cualquiera). Otra cosa es que no espere ansioso las entrevistas y se lance a las multitudes como el difunto Kurt Cobain. Gasol es el único que puede creérselo por sus emolumentos, por su palmarés, por su juego y por las ganancias que reporta a todas las marcas que anuncia, como Banco Popular o las galletas Príncipe de Bekelar.




Lo de Rudy ya es más sangrante. Aunque meta 35 por partido, es un niñato que todavía no ha sido determinante en ningún título ni con su club ni con la selección. De hecho, en la final ante Rusia, se escondió debajo del ala de Gasol y Calderón, al que siempre le echaré en cara que no mirase al aro en el último cuarto con el porcentaje de 'megacrack' que llevaba.




Y pongo en cuarentena que Berni, Cabezas, Sergio Rodríguez, Marc Gasol y demás jugadorazos sean unos divos. De todas formas, tampoco creo que haya que meterse en sus vidas privadas ni indagar en sus formas de ser. Sólo les pido que sean correctos en el trato con los aficionados y con sus propios compañeros, que ganen el oro olímpico en Pekín y que sigan ilusionándonos como nadie lo hizo nunca en el deporte de la piel de toro.