jueves, 27 de septiembre de 2007

Bocas, boquitas y bocazas


"Nos ha salido el peor partido en dos años", Berni Rodríguez dixit.


"Por una canasta no vamos a ser peores que nadie", Willy, de LaSexta, dixit.


"Tenemos la mejor selección del mundo", Pepu dixit.


"Creo que el tiro tenía posibilidades", Pau dixit.


"Defendimos la última jugada contra Argentina y nos salió bien", Calderón, preguntado por qué demonios no hizo falta a Holden, dixit.


"Quiero volver a sentir en el CSKA de Moscú lo que sentí con mi selección en Madrid", Kirilenko dixit.


"No estoy para discursos", Pepe Sáez, al término de la final, dixit.


"Creo que la final de la próxima Olimpiada será España-Estados Unidos. Y estará igualada", Rolando Blackman dixit.


"Soy el único base de 1,93 que ha tenido, tiene y tendrá el baloncesto español", Montero dixit.


"Sin Pau Gasol somos mejores", Laura Villanueva dixit.


"Jugaremos la final contra Rusia, que es la única selección que puede hacernos frente", Juanma González dixit (09-09-07).


"¿Esto del Eurobasket donde se juega, en España?", Juan Carlos Villa dixit.


"Tengo que reconocer que me he enganchado al baloncesto", Alberto Cuevas, sevillista acérrimo, dixit.


"No me preocupo por nada. Cuando Gasol me pague la hipoteca, entonces me preocuparé", Luis Villanueva dixit.


"¡Eeeeeehhh! Venga niño, venga niño, venga niñoooo... ¡Tiro a tablóóóón!", Emilio José dixit.


"No sabemos jugar finales apretados", Manolo 'Tato' Núñez dixit.


"Cuando vi la cara de Gasol, me pregunté: ¿Qué le ha pasao? ¿Es que se le ha muerto alguien?", Oliva Barral dixit al poner La Sexta justo después del fallito de marras.


"Las finales tienen que jugarlas los mejores. No hay rotaciones que valgan", Manuel Ruiz Rojas dixit.


"Sergio Rodríguez se estancará si no vuelve a Europa", Pepe Laso dixit.


"La final contra Rusia me recordó la de 1973, con Brabender y Luyk", Vicente Salaner dixit.


"Uoooooo, uoooooo, uooooo", Ismael dixit.
"Echo de menos el sufrimiento que nos brindaba la selección", Paco Núñez dixit antes de la tragedia, claro está.
"Te reconozco que no he visto muchos partidos", Patricia dixit.
"Esperemos que los rusos sólo sean buenos haciendo ensaladilla", Aurora Lazo dixit.
"Kirilenko es una mezcla de Iván Drago y el de Érase Una Vez la Vida", Ismael dixit.
"¡¡Arribaaaaa!! ¡¡Arribaaaa!! ¡¡Arribaaaa!! ¡¡Arribaaaa!!", Suso dixit.
Me detengo sobre todo en la frasecita de Montero. Como podéis comprobar en la imagen, este hombre tiene pinta de no haber superado todavía el tapón de Vrankovic (que, por cierto, estaba en Madrid). Y es que, ¿cuánta gente le habrá echado en cara que tenía que haberla metido para abajo? En fin, tenía que reivindicarse el hombre ante un aficionado jaranero como yo, que le dijo: "Fuiste el primer base alto de la historia del basket hispano". Y él me corrigió, claro: "Y el único". Toma ya... Y, ahora que lo pienso, con esa altura bien podía haber machacado aquella canasta, ¿no?

jueves, 20 de septiembre de 2007

Congelar el instante


En ocasiones, nuestra mente desea vivir y revivir momentos tan felices que deberían quedarse para siempre en un marco dentro de la pared del cerebro. Otras veces, hubieras deseado congelar el instante de un hecho eternamente para no tener que presenciar las consecuencias o, simplemente, el fatídico desenlace.


Me he quedado patidifuso hoy, cuando entro en marca.com, como todos los días, hurgo un poco en las fotos oficiales del Eurobasket 2007... Y me encuentro con esto. La congelación de un segundo maldito para el que no estábamos preparados y la prueba inequívoca de que 'Paco was here'. Sï, amigos, después de muchos dimes y diretes y comeduras de coco, después de haber estado en Madrid una semana y haber visto sólo las semis en Santiponce, algo en mi interior me dictaminó que tenía que regresar para vivir un hecho histórico. Sí, lo fue. Pero de la historia negra de nuestro baloncesto, como la canasta de Christian Welp en 1993; el triple fallado por Margall ante Australia en los cuartos de final de Seúl 88; el tirito de tres que se cascó Mike Smith (que no tocó ni aro) ante sí, sí... ¡Rusia! en el Eurobasket de Barcelona 97; la oportunidad perdida en Atenas 2004 por culpa de Mario Pesquera al sentar siete minutos a Garbajosa en el último cuarto y olvidarse de Yebra e Iturbe; el fallo de Calderón en el último segundo ante Alemania en las semis de hace dos años en Belgrado... Demasiados antecedentes de mal agüero.


Como iba diciendo, allá que nos fuimos Laura y yo en el AVE de las 18:00 horas a vivir un domingo de gloria bendita. Si ganaba España, pasaríamos la noche en vela más llevadera de la historia, ya que no podíamos presentarnos en casa de mi amigo Juanma a las tres de la mañana tras las celebraciones que nunca existieron. Y cogíamos el AVE de vuelta a las 6:30 horas y, a las 9:30... ¡A currar de vuelta de vacaciones, nada más y nada menos!


En cuanto llegamos a Atocha (20:25 horas), se palpaba el ambiente de las grandes citas: el gentío, ataviado de rojo pasión, se revolvía en las estaciones de metro con dos únicos destinos: el Palacio y Plaza Colón. Me llegaron a ofrecer dos entradas para la final por 600 euros, pero ya me había gastado 500 en los dos abonos anteriores más la comida en Madrid, etc, etc... Así que decidimos ir directamente al epicentro de la fiesta.


Cogimos un sitio magnífico (como se puede apreciar en la foto) y comulgamos con una afición más entregada allí que en el Palacio, por lo que pude comprobar luego en el vídeo. No faltaban los litros de alcohol corriendo por las venas de la muchachada. "¡¡Animad, coñoooo!! ¡Viva Españaaaaaaa!", gritaba un chaval gallego que llevaba once cubatas pal cuerpo. "¡Hazme una foto, una fotoooo, fotógrafo hijo de puta!", gritaba un grupito de niñas enloquecidas y maleducadas por la presencia de los medios, importándoles un pimiento que el globo de la EÑE se estuviera pinchando poquito a poco.


Pasaban los minutos y la gente se agolpaba en torno a un escenario más propio de un concierto de Hombres G que de un equipo que estaba dando un recital de rock duro en la cancha. Bebíamos agua, nos abrazábamos, me comía las uñas, me sentía presa por momentos de algún objetivo ávido de captar el drama, soportaba los gritos inhumanos en mi oído de algún madrileño bestiajo... No paraba de pensar: "¡Qué suerte hemos tenido! ¡Qué buen sitio hemos cogido para vivir una celebración inolvidable!".


Ése fue mi error y el de toda España. En mi caso, creía ciegamente que íbamos a ganar contra viento y marea por el carácter ganador del grupo en momentos difíciles. Pero Gasol perdió el balón decisivo, Berni no salió a marcar a Holden, Calderón cayó en la finta y el churro se convirtió en porra. Y llegamos al momento de la foto. He visto una instantánea que recoge el momento en el que el balón estaba dentro del aro. He soñado que grito, pero de alegría, porque el cuero traspasa la red. He visualizado que tocamos a los héroes desde nuestra posición privilegiada y cantábamos juntos el himno de Queen...


Lástima que Laura no salga en la foto. Su imagen también era la de la tragedia, llevándose las manos a la cara. Tras un prolongado silencio, los jóvenes comenzaron a irse del lugar. El animador reconoció que los jugadores no iban a ir a la Plaza Colón y los que veníamos de fuera esa noche sentimos que habíamos tirado nuestro tiempo y nuestro dinero. Pero, ¿y si la pelotita hubiera entrado? Había que apostar por estos chicos después de tantos años de quedarnos en la fase plataforma del orgasmo.


Eran las 0:00 horas y la parte buena era que podíamos irnos a casa de Juanma a dormir unas horas antes del lánguido regreso a casa. Estoy deseando que llegue la Olimpiada para quitarme este partido-pesadilla de la cabeza. Lo mejor será echar una pachanga esta noche con los zombies de Santiponce.

lunes, 17 de septiembre de 2007

El tiro de la verdad


En muchas ocasiones he sentido la adrenalina del tiro de la verdad (para Lolo, el triple). Ajustas la concentración, haces un bloqueo, pides el balón, lo botas un poco y se te abren varias opciones de repente: "Penetrar y hacer una bandeja; penetrar y tirar un lanzamiento a tres metros en suspensión; driblar y lanzar de tres; driblar, atraer a dos defensores y doblarla a un compañero en el último segundo...". Y tienes que tomar una determinación a velocidad de vértigo. Unas veces sale bien y otras no tan bien.


Cuando la metes y llegas a 20 puntos (o a 40 o a 60 o a 120) en una pachanga en el San Pablo, el subidón es curioso. La satisfacción del logro en equipo y de sentirte importante, respetado, dentro de un grupo. La alegría del trabajo bien hecho con las palmaditas de los amigos como premio incomparable. Cuando la fallas, piensas que, al fin y a al cabo, has hecho un poco de deporte, has departido con los colegas y luego te has tomado un Sandevid la mar de a gusto.


Más o menos eso se le pasó por la cabeza a Pau ayer por la noche. Muchos caminos, una decisión a 120 pulsaciones por minuto. Y con la responsabilidad de quedar bien ante todo el continente, ante una afición convenida y poco pasional que siempre será mejor que esos advenedizos con gafas de sol que no son bienvenidos en el deporte de la canasta, por mucho que José Luis Sáez se empeñe.


El baloncesto se mama en la calle, en las canchas de albero y red rota. En un polideportivo renqueante de Villanueva de la Serena y en las pistas 'underground' de Málaga capital. En el viejo Magariños y en las canastas marciales de Torrejón de Ardoz. Y ese amor por el juego que les hizo, nos hizo, campeones del mundo está muy por encima de adláteres que no pagan un duro por sentarse en los mejores sitios y que están más preocupados por la copa del descanso que por los tiros libres que esta fallando España, clave en nuestra derrota de ayer.


Ayer... El pasado hoy está muy presente. Nunca había visto un partido (y habré visto miles de encuentros en mi vida) en el que toda la enjundia quedara tan fuertemente plasmada. La miel del tiro que entra llorando y la dura hiel, la corona de espinos del lanzamiento que se sale de dentro. Y todo en 10 segundos. Los rusos no tenían nada que perder y por eso afrontaron los últimos minutos en plan kamikaze. Los españoles llevaban semanas con el oro colgado del cuello por culpa de ese maldito entramado de marketing (prensa, ojeadores, asesores, publicistas, patrocinadores, compromisos sociales, intereses políticos y demás paparruchas que no tienen nada que ver con el juego) que se han empeñado en crear alrededor de una piña de gente sencilla.


No quiero que la sofisticación de la Fórmula 1 ni del tenis llegue al baloncesto. No quiero almodóvares ni gente guapa en mi deporte. Eso queda muy bien en los boxes de Ferrari y McLaren, para hacer más llevadera la monotonía de las carreras (por algo dejé de jugar al Scalextric). Los periodistas también tenemos culpa de esta plata quemada. Y, sobre todo, los idiotas que rigen los grandes medios de comunicación. ¿A qué alto ejecutivo (o no tan alto) se le ocurrió que Mariano Rajoy debería de escribir de basket? ¿Quién es el lumbreras que le propuso a Felipe que escribiera un diario en MARCA, como si fuera Espido Freire? ¿Y a Calderón en EL MUNDO? ¿Y a Cabezas en LA OPINIÓN DE MÁLAGA? ¿Y los mensajitos de móvil de Berni y Mumbrú? ¿Y el rodaje de tantos anuncios? ¿Y las visitas a los enfermos? ¿Y las entrevistas diarias del cansino Montes a Pau a la hora de la siestas, cuando todos sus compañeros ya descansaban? ¿Y las atenciones continuas a los fans que siempre pululaban por el hotel, día tras día? Fotito, autógrafo, palmaditas... Vamos, la primera parte de Rocky III. La pérdida del ojo del tigre ante tanto papel de celofán y vaselina.


Si los hubiéramos aislado de ese entorno tan dañino que yo viví muy de cerca durante nueve días, las meigas habrían dictaminado que el baloncito pegase tres botecitos en el aro y acabara entrando. Porque los horarios han sido de locos (jugar todos los días a las 21:30 horas por culpa de cierto payaso que dirige cierta televisión) y algunos jugadores han tenido insomnio durante todo el torneo. Por un lado, me ha gustado que La Sexta retransmita todo el Eurobasket. Lo que ya me gusta menos es ese autobombo insoportable. A partir de ahora, la llamaré 'La Secta'.


Y el buen rollo entre jugadores y cuerpo técnico está bien... Pero hasta cierto punto. Cuando un entrenador tiene que sentar a un NBA, pues lo sienta. No pasa nada. Era curioso ver ayer a un técnico y a otro. Mientras Pepu hacía de hermanita de la caridad con su principal estrella, Blatt le metía un broncazo en la oreja al americano que juega con Rusia. Sí, sí, el mismo que metió el tirito a lo 'Tim Hardaway' que no olvidaremos nunca.


La importancia del tiro de la verdad. El horror. El miedo. La injusticia. La temeridad. La ansiedad. Los complejos. El temblor de piernas... Para hacer un buen papel en la próxima Olimpiada, España tiene que volver a los orígenes, alejarse del glamour de los focos y las canchas de charol con butacones de discoteca de lujo para regresar al cemento, a los aros deformados y al espíritu burlón, morboso, del juego en sí mismo.


jueves, 6 de septiembre de 2007

Viviendo la magia del Eurobasket 2007


Echaba de menos el sufrimiento que nos deparaba nuestra selección en los últimos 20 años... Hasta ayer. El ambientazo en el San Pablo era brutal, un cúmulo de sensaciones que corrían desde la belleza serena de las letonas que me rodeaban en el fondo norte (algunas acompañadas de bebedores de vodka profesionales) hasta la visión real de ese 'Mini Yo' que es Andrés Montes.


La derrota ante Croacia hay que entenderla como un toque de atención. Viene bien para bajarle los humos al departamento de márketing, que quiere exprimir la tontería de la ÑBA -en conciliábulo con el Marca- hasta límites insospechados. Nada de 'Eñemanía'. Somos la selección española y, como tal, en nuestro DNI va forjado el sufrimiento, auqnue sea de vez en cuando. Demasiadas canastas falladas debajo del aro, demasiados triples errados, malas elecciones de Pau, cabezonería de Pepu con las variantes de defensa en zona...


Hubo falta a Rudy en el último segundo (lo vi bastante cerca, porque España atacó en nuestro fondo en toda la segunda parte), pero ya no importa. La primera derrota en dos años debe servir para salir en el próximo encuentro con el cuchillo entre los dientes, sea quien sea el rival. Han sido tres días de locura maravillosa. He cumplido el sueño de ver en vivo a España en un torneo internacional, pero esto no termina aquí. Esta tarde cojo el AVE pa Madrid para empaparme de octavos de final. Tres partidos al día, desde las cuatro de la tarde hasta las doce de la noche. Y espero volver embriagado de gloria...

martes, 14 de agosto de 2007

La canasta de celuloide


Parece que un actor de Hollywood tiene que dedicar su plano personal a perderse en antros de vicio y perdición, casarse y divorciarse de manera compulsiva y visitar de vez en cuando alguna que otra clínica de rehabilitación. Sin embargo, existe un grupúsculo no tan reducido que prefiere llevar una vida sana y practicar penetraciones de otro tipo. Es el caso del deseado Leonardo Dicaprio, que hasta hizo una peli con bastante enjundia con el baloncesto como protagonista (Diario de un rebelde, 1995) con el título original The basketball diaries.

Mucho más vehemente era la interpretación del 'coach' Nick Nolte en Ganar de cualquier manera (1994), filme que ahondaba en la parte oscura del baloncesto universitario, las manipulaciones, los chantajes emocionales y el dinero como antídoto de las emociones (recordar a un lacónico y delgadísimo Shaquille O' Neal con Penny Hardaway como compañero en el equipo de la película y en el Orlando Magic de la época). Nolte es la excepción que confirma la regla, demostrando que el alcohol de Palm Beach es compatible con el cinco contra cinco.

Hablando de mentores con personalidad, memorable fue el papel de Samuel L. Jackson en Coach Carter (2004). El filme está inspirado en la vida real del controvertido entrenador de baloncesto Ken Carter, que en su segundo año en el Instituto Richmond de California, y con un equipo imbatido con 13 victorias, decidió que sus jugadores no jugarían los siguientes dos partidos y en su lugar estudiarían para los exámenes trimestrales por el bajo nivel académico que tenían.

Dicaprio, Nolte y Jackson se unen a dos pillos del mundo actoral americano en su devoción por el deporte de la canasta: Woody Harrelson y Wesley Snipes, que no necesitaron dobles para protagonizar Los blancos no la saben meter (1992), metiéndose de lleno en el playground de apuestas, pistolas y dólares. La vida sigue siendo maravillosa para Snipes, que continúa saltando con rebote incluido en la saga Blade.

Pero hay dos referencias básicas en la canasta de celuloide y ambas coincidieron con la época dorada de la NBA hecha carne en Magic, Bird, Jordan, Ewing, Barkley, Drexler, Dr. J, Wilkins, English, Thomas y Abdul-Jabbar. Hablamos, of course, de Teen Wolf, De pelo en pecho (1985) y Hossiers, más que ídolos (1986). La primera es la enésima representación del sueño americano con el eterno adolescente Michael J. Fox demostrando que la individualidad (peluda o no) en la cancha no sirve de nada (que aprenda el 'ex-wolf' Kevin Garnett).

La segunda es, posiblemente, la mejor película que se ha hecho nunca sobre basket, con actores vigorosos y visos de drama de altura. Sólo hay que recordar el elenco: Gene Hackman, Barbara Hershey, Dennis Hopper... Una oda al baloncesto profundo, de tableros de madera y público entregado. Tampoco hay que olvidar Una mala jugada, de Spike Lee, descubriendo a Ray Allen.

Hay otras pelis menores como Eddie (1996) con Whoppie Goldberg como surrealista entrenadora de los Knicks o Air Bud (1997) con Perro 'Robinson' como estrellita. Otros títulos canasteros son Hoop Dreams, El Sexto Hombre, Space Jam, Amor y baloncesto, Camino a la gloria, Una tribu en la cancha, Una pandilla de altura (con su secuela), etc... Y desde aquí, pido una peli de basket para Scott Speedman, protagonista de Underworld, que se recorrió Estados Unidos con su coche parando en todas las canchas que se encontraba por el camino y jugando con los habitantes del lugar. ¡Eres mi ídolo, Hombre Rápido!

viernes, 10 de agosto de 2007

Marketing de oro


Gasol se afeitó la barba y todos bailamos ya la canción de Estopa con la típica sonrisa de juerga de fin de semana. Alrededor de la selección se ha creado una nube de acciones de marketing que quieren vender el producto de la 'eñemanía' de manera casi virulenta (José Carlos debe tener ya una úlcera por cómo se ha propagado el término 'ÑBA' que tanto odia) a pocos días del comienzo del Eurobasket cañí.


Lo cierto y verdad es que el baloncesto se respira en La Sexta y, sobre todo, en la prensa escrita, pero este seguimiento no tiene su traslación a la calle. El pabellón de Santiponce, a pocos kilómetros del templo de San Pablo donde Rudy hará los primeros 'alley hoops' serios, sigue siendo un pobre páramo al que sólo le falta la bola de paja rodando, como en 'Infierno de Cobardes'. Parece que en cualquier momento va a llegar el 'Predicador' con su sombrero caído mirando de forma desafiante. Parte buena: tengo un pabellón cubierto con seis canastas todito para mí, para entrenar el tiro cual Petrovic en Sibenik. Parte mala: el baloncesto es un deporte de equipo que no podemos practicar yo y mi sombra.


El otro día vinieron dos chavales de menos de diez años y uno ¡DE CINCO AÑOS! interesándose por esto de la canasta (sic)... Acabé jugando una bombilla con ellos (lamentable, como diría José Carlos). Además, este finde no voy a Huelva, porque me visitan mis colegas Juanma y Esteban (aprende, Justo), así que faltaré a la Homilía semanal de Lolo, Migue, David, Damián y cía.


Por cierto, enhorabuena a todos los que hacemos posible 'Anystar' por ese partidazo de cuartos de final, en el que perdimos sólo de un punto con los júniors de oro (yo no pude jugar porque José Carlos cometió el error de casarse). Puñetero arbitraje (perdóname, Esteban). En fin, que quiero ser profeta del basket en la tierra de Itálica, pero aquí sólo se habla del Centenario del Betis y de lo bien que se lo pasa uno en las playas de Huelva los fines de semana (sí, amigos sevillanos, Matalascañas TAMBIÉN es una playa onubense, aunque no os entre en esa cabezota prepotente y os empeñéis en formar atascos todos los viernes y domingos).


Sólo me faltan siete días para coger vacaciones y dejar de levantarme antes que los gallos (6:30 horas). Aunque luego me pueda levantar a las 11:00 horas o así, el resto del día seguiré soñando con el oro y con conseguir una entrada para la final de Madrid...


NOTA: Como se me ha olvidado el e-mail de Lolo, aprovecho para pedirle desde aquí a él y a Damián unas fotillos de Anystar para ilustrar el artículo anterior. UN ABRAZO.

lunes, 16 de julio de 2007

Anystar, una institución del baloncesto de barrio


Existe un equipo amateur y amado por los verdaderos apasionados de nuestro deporte que tiene su sede en las canchas más añejas y desvencijadas de la ciudad de Huelva. Existe una ilusión imperturbable, con camino de ida y vuelta para algunos, entre un grupo de elegidos para la gloria ciega, la que no se ve, la que se forja cada semana en pistas anónimas que sólo ven la luz, si acaso, en dos líneas de breve de periódico local o comarcal.

Me siento orgulloso de pertenecer a un grupo simpar de prohombres que, con altibajos y aturdidos por los azotes de los nuevos tiempos, en los que prima el individualismo y la tecnología, ha logrado ser referente del básket onubense. Se trata de ANYSTAR. Ya en su propio nombre puede entreverse la filosofía de Damián Ortiz, Migue, Pedrito, David, Mike, 'Largo', Naveira y compañía, liderados por un agitador incomparable, un personaje necesario en estos tiempos de desidia, hastío y miedo a las relaciones sociales. Me estoy refiriendo a Manuel Olivares, alias 'Lolo', ese fajador de los aros que, con los años, se ha fabricado una muñequita curiosa que se activa sólo en los momentos más calientes.

Olivares se deja todos los meses unos cuartos en teléfono móvil para aglutinar a los últimos jinetes del Apocalipsis baloncestístico. Por el camino se quedaron 'Lejoro', 'Arlauckas', Fernando, Pichardo y un largo etcétera. Yo mismo tuve un momento de crisis, acuciado por las responsabilidades laborales, algún que otro 'Michael Jordan de la vida' que faltó al respeto al mandamiento imperturbable de ANYSTAR de 'Lo importante es jugar intenso y divertirse...', y hostigado por el sobrepeso.

Pero he vuelto. Ahora que vivo en Sevilla y he sufrido a los chiclosos jugones del Plantinar, que no te pasan la bola ni a tiros, estoy deseando que llegue el sábado para incorporarme de nuevo a la institución en un lugar tan clásico para nosotros como Punta Umbría. Aportaré mi granito de arena, saldré a tirar, daré algún que otro pase acertado y me esforzaré en defensa al máximo (bajo el yugo de mis xxx kilos de peso), con la motivación que supone jugar al lado del guerrero Olivares.

Participé en la charla cibernética con Pepu Hernández en los Encuentros de 'elmundo.es', me contestó a unas cuantas preguntas y habló de piña y de sinceridad entre los propios jugadores dentro de la cancha. Yo ya he vivido eso. En cada pachanga 'sanpablera', en cada partido del Patronato, noto ese 'feeling' con Olivares y percibo su influencia en el entorno: los compañeros se hacen más fuertes; Damián acierta más desde el 6,25 y postea con acierto; Migue defiende mejor; David se convierte en Lucio Angulo en sus mejores tiempos; y yo me doy cuenta de que soy otro cuando juego con mis colegas de cancha de los últimos diez años.

En Santiponce practico otro deporte, el 'Exin Basket', el 'Pim, pam, pum, fuego' quizá. En Huelva, tal vez idealizada desde la distancia, somos lo más parecido a la selección española en cuanto a motivación, altruismo y juego para el equipo. Equilibrio entre la entrega en defensa y el protagonismo repartido en ataque sin la presión añadida de tener que anotar para ver bola de vez en cuando.

Estoy deseando que Damián y Lolo, el dúo dinámico, la pareja más unida desde Malone y Stockton, saquen a la luz el libro sobre ANYSTAR, que debería ser publicado en papel cuché, con portada de cuero y letras de oro al ser único en su especie. Me encantaría usar la literatura y cualquier medio de comunicación a mi alcance para difundir entre los jóvenes los valores que he encontrado en este equipo, que sigue vivo gracias al interés de Abbot y Costello, de esta suerte de científicos locos que me han hecho creer, realmente, que no estoy solo en este mundo. Creo que habría que cambiarle el nombre al equipo, Lolo. Tendría que llamarse 'TOO MUCH STARS', porque realmente me siento estrella en él. Todos nos sentimos estrellas dentro de una constelación única, en la que, si desaparece alguna, resurge otra con fuerzas renovadas. La verdadera Osa Mayor, el telescopio del baloncesto onubense, historia de pequeñas vidas que, a golpe de coraje y perseverancia, guardan un rincón para meterla en ocasiones extraordinarias.

Porque extraordinarias son siempre las pachangas con vosotros. Hubo momentos de tensión, de pique (soy igual de competitivo que tú, pero más lento), incluso de enfrentamiento (acuérdate del balonazo en la espalda en la cancha del Molino), pero tú sabes que me esfuerzo como pocos para dejar de ser Jon Koncak y convertirme en Dan Defensor.

Siempre pensé que jugar a 200 puntos era una locura, pero ahora me vanaglorio de ser de los pocos que lo hacen. Y lo bien que sienta meter la canasta decisiva cuando te has entregado entre amigos. Recuerdo especialmente un 100-97 que te gané en el Lorca con un tiro lateral. De las pocas veces que te he ganado en un 1 vs. 1 a 100 puntos.

En definitiva, que hay que mamar con ANYSTAR y sus integrantes (ese Mike intenso con sus tiros inverosímiles a tabla), con su mentalidad, con sus estadísticas (campeón de la Liga de Punta varias veces; campeón del Patronato en múltiples ocasiones) y su legado inmortal. Sólo un pero: después de participar en varios títulos (creo que cuatro o cinco) en nueve años, no tengo un solo trofeo y creo que ya me toca...

Y PARA TERMINAR, EL GRITO DE GUERRA: "PA TÍ, PA TÍ". Yo diría como Del Nido: "Contadle a vuestros familiares, a vuestros amigos, a los compañeros de trabajo, qué se siente al pertenecer a ANYSTAR. Clamad orgullosos vuestra condición de miembros de 'ANYSTAR'. Y lo mejor, está por llegar".