miércoles, 11 de febrero de 2009

Hermosilla canción


Siguiendo con la serie de cantautores 'menores', rompo otra lanza en favor de un onubense afincado en Barcelona como es Pedro Javier Hermosilla, el autor de la tremenda 'Por un ratito en tus oídos' y 'Flores en el cielo'. El amuleto de agua errante continúa abriéndose paso entre la desidia de los jerifaltes de las discográficas y la crisis general de ideas y contenidos que vivimos en la actualidad.


Hermosilla sigue promocionando su 'umplugged', pero ya va siendo hora de que saque nuevo disco y de que tenga la promoción en radio, TV y prensa que se merece. Y para la historia quedará mi tercer puesto en el Concurso de Karaoke de la Feria de Santiponce 2006 cantando 'Por un ratito en tus oídos'. Sólo pudo conmigo un colega que cantaba en un grupo de flamenquito que bordó 'Noches de Bohemia' y un enchufado de la organización, un poncino que eligió una de Eros Ramazzotti y, claro, así también gano yo. Todos sabemos poner voz nasal, ¿no? Aunque sea tapándote la nariz con los dedos o con unas pinzas.


Amenazo con volver a presentarme para conseguir el oro (ése que vamos a conseguir este año en Katowice), esta vez con una del mítico Roberto Carlos, 'El gato azul' o 'Amigo'. Hermosillas canciones, ¿verdad, amigos míos? Por cierto, un diez para mi amigo Jesús Pulido, que tiene un blog cojonudo de obligada consulta. Su dirección está en mi listado recién inaugurado.

martes, 3 de febrero de 2009

¿Y CÓMO ES ÉL?


Después de hacer uno de mis mejores partidos desde que pertenezco a ese club de abnegados baloncestistas maduros que se llama CB Pajartillo, me dispuse a hacer el itinerario diario en internet: infojobs, infoempleo, oficina virtual del SAE, computrabajo, mi correo de hotmail, marca.com... Y, como siempre, busqué en la carpeta de archivos bajados la canción perfecta para ese momento del día. Con alegría, me di cuenta de que el directo de José Luis Perales ya estaba listo, recién salido del disco duro de algún individuo sensible y nostálgico, como yo.


Pues bien, usé el maravilloso Windows Media Player para escuchar uno de los mejores himnos del desamor en español, una canción que te pone los pelos como escarpias aunque seas el tipo más duro de la banda. ¿Creéis que Roger Federer lloró por haber perdido con Nadal? Qué va. Lo que pasa es que, en ese instante, a alguien del público le sonó el móvil y tenía como politono "¿Y cómo es él?", del gran Perales.


De repente, me vinieron muchos recuerdos de la infancia, cuando mi hermano estaba de 'burundeo' con su primera novia y se ponía todas las tardes una cinta BASF con los grandes éxitos de un hombrecito que cantaba de una manera peculiar: doblando la cabeza y encogiéndose de hombros (véase la excelsa imitación de Josema en la época dorada de Martes y 13). Era Perales, un compositor que un buen día decidió que ya estaba bien de que las grandes estrellas del momento cantaran sus canciones (Rocío Jurado, Raphael, Julio Iglesias...). Un ingeniero tímido denostado por muchos que no tuvo la capacidad de venderse a sí mismo como otros de su generación. Tampoco se plegó nunca a ningún requisito comercial, nunca hizo canciones en plan 'Queco'. Toda su obra está repleta de sentimiento, desde 'Celos de mi guitarra' (¡Qué bonito ha sido recordarla hoy, con agujetas y todo!) hasta 'Un velero llamado libertad', pasando por 'Amada mía'.


En unos tiempos de 'revivals', en los que hasta Pablo Abraira está preparando un disco nuevo, hay que reivindicar a José Luis, un dechado de candidez y uno de los últimos jinetes de la canción española concebida como arte simple nacido de la inspiración espontánea, no un producto de laboratorio que se evapora entre tus manos por su inconsistencia, como Luis Fonsi o Melendi.


Usando un símil baloncestístico, mientras Carlos Baute se quedará siempre en la puerta, por mucho que menee compulsivamente sus caderitas, Perales entrará en la casa de mi corazón hasta la cocina. Os invito a que os bajéis 'PERALES: 35 AÑOS. EN DIRECTO' para recordar que España no sólo es una potencia en tenis y basket. También lo es en la música, en la balada, en la sinuosidad de una voz, en la descripción de los diferentes estadios del amor. Mientras pienso en la cantidad de triples que he metido hoy (creo que han sido siete u ocho), no dejo de emocionarme con canciones de ayer, hoy y siempre.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Incompetencia y espesura en Tododeporte (Carta abierta a Javier Bermejo, director)


Buenas tardes.


Le escribo este mensaje mientras me pierdo el final del encuentro de mi equipo, Cajasol, contra el Kalise Gran Canaria, por su culpa. De acuerdo que el partido que daban ustedes hoy era otro (Barcelona-Granada). De acuerdo que no están obligados a hacer un carrusel. De acuerdo que la decisión de poner el final del Gran Canaria-Cajasol era como un "regalo", en palabras del espeso Rafa Vega. Pero, si el responsable de una empresa toma una decisión, tiene que asumir sus consecuencias y ser coherente hasta el final. El partido estaba igualado, con lo que usted, que lleva algunos años trabajando en esto, tuvo que contemplar la posibilidad de que hubiera una prórroga. No es de recibo que una TV pública, que debe atender a todos los intereses de los ciudadanos, deje desatendida a la comunidad baloncestística de una manera tan zafia, tan cutre, tan de principiante. ¿O es que ustedes lo improvisan todo? ¿O es que no se dan cuenta de que, para ofrecer un producto televisivo, debe haber una planificación, una profesionalidad básica y unos parámetros de calidad que, por supuesto, no cumplen?


No me imagino a cualquiera de sus presentadores con gafas diciendo, a cinco minutos del final de un Sevilla-Betis, "nos hemos pasado 20 minutos de la hora prevista, así que, sintiéndolo mucho, les vamos a privar de ver el final del derbi para ofrecerles LA BANDA, un programa enlatado". Por favor, un poco de seriedad, un poco de dignidad profesional. No me extraña que la profesión del PERIODISMO esté tan devaluada con gente como usted tomando decisiones. Perdieron los derechos del fútbol, gracias a Dios, y me gustaría que también perdiesen los derechos del baloncesto, porque no quiero que sigan maltratando al deporte que amo.


Ya basta de retransmisiones cutres y salchicheras. Ya vale de comentaristas penosos, como Chinche Lafuente (sólo ha tenido un acierto en todos estos años, don Javier: fichar a José Alberto Pesquera, un grande de este deporte que también clama al cielo por decisiones como la de hoy).


Nada más. Desearle que siga acomodado en su poltrona de Canal Sur, trabajando como un funcionario más sin preocuparse por las inquietudes de los espectadores y sin saber ponerse en lugar del televidente. Un consejo: si no es capaz de retransmitir deporte, si no entiende que el deporte tiene unos códigos periodísticos propios, si sigue pensando que un partido de baloncesto es como una película de José Luis López Vázquez que dura hora y media en 1965, en 1983 y también en el año 2008, deje su lugar a otro compañero que esté mejor preparado, más cualificado y con más ilusión por ofrecer un programa DE CALIDAD, sin espesuras, sin narradores que usan constantemente coletillas y muletillas y sin engañar al personal: DAR UN PARTIDO INACABADO NO ES UN REGALO, ES UN ATENTADO CONTRA EL PERIODISMO, CONTRA EL ESPECTADOR Y CONTRA LA ESENCIA MISMA DE LA TELEVISIÓN. Sobre todo, cuando lo que viene después no es la Gala del 28-F, sino un programa DE NEVERA llamado La Banda, que puede esperar 10 minutos más. ¿O usted se cree que el domingo pasado se cumplieron las previsiones de la parrilla de TVE, con lo voluble que es la duración de un partido de tenis? Aprenda usted algo de los auténticos profesionales del medio, haga el favor, y deje de arrastrarse por la cabina de realización y por jornadas y master dando clases de periodismo televisivo. Puede que engañe a las nuevas generaciones de periodistas, pero muchos ya sabemos que Javier Bermejo y todo su equipo son los trileros del mundo catódico. Un atajo de aficionados.


UN SALUDO.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El reno Rudolph


El personaje del reno Rudolph fue creado en 1939 por Robert L. May, empleado de una cadena de tiendas de Chicago llamada Montgomery Ward. Le habían pedido una historia navideña para promocionar la tienda y Robert escribió un poema sobre un reno inadaptado que con el tiempo se ha convertido en parte del folklore navideño. Para crear a Rudolph, un reno despreciado por los otros renos por tener la nariz roja, se inspiró, por una parte, en el cuento del Patito Feo y, por otra, en su propia experiencia personal, la de un niño tímido, víctima de las burlas de los demás. Fue tal el éxito de su creación que en 1946 ya se habían vendido seis millones de copias del poema, al que siguieron una canción (en 1947) y un especial para la televisión (1964). En el poema, Rudolph vive en un pueblo de renos sin concretar; en la canción, pasa a ser un reno de Santa Claus, a quien su nariz roja sirve de luz guía.


Ésta podría ser la historia de 'Rudolph' Fernández si no fuera porque ni es un niño tímido ni creo que vaya a sentirse despreciado por el resto de compañeros NBA, si en su primera actuación oficial en la Liga ha sido capaz de meter 16 puntos y dar cinco asistencias. Con su nariz roja por el frío de Portland, Rodolfo se pone al día con el 'First Certificate' para poder entender al insondable McMillan y se dispone a escribir una de las páginas más apasionantes del baloncesto europeo en la Liga más televisada del mundo, siempre y cuando le respeten las lesiones y pueda coger músculo para aguantar las tarrascadas de mazacotes como Lebron, Howard o el propio Shaquille.


Como Prigioni, Pecile o Navarro, Rudy se está haciendo cada vez más importante en nuestras vidas, siendo un ejemplo de intensidad, de amor por el juego y del 'Nunca es suficiente'. Siempre se puede mejorar, en el salto, en la visión de juego, en la capacidad defensiva, en el baloncesto altruista... Siempre podemos aprovechar el tiempo en la cancha, aunque sean minutos de la basura. Otra historia será la de Sergio Rodríguez, que tiene toda la pinta de convertirse en un Milicic de la vida.


Ser español ya no conlleva ningún prejuicio, ninguna traba hístórica. Paco Martínez Soria es carne de sábados por la tarde y nos reímos mucho con él ("Aaaaay, corderaaaaa..."), pero ahora el complejo se ha convertido en orgullo, en motivo de emoción y de conversación mañanera. "¿Has visto el último mate de Rudy?"... Ésa será una de las frases más repetidas de esta temporada. Como el reno, Rudolph ha logrado hacerse respetar entre la manada y conseguir que a todos se nos encienda la nariz de pura felicidad.

martes, 28 de octubre de 2008

Los viejos boxeadores nunca mueren


A continuación, copio y pego una crítica que he descubierto en internet (un poco tarde, ya lo sé) sobre ROCKY BALBOA de un tal Rafa Martín. No tiene desperdicio:


"Hay momentos en los que Rocky Balboa me recuerda a ese viejo que se pone a mirar las obras y le explican al capataz que el edificio se va a caer porque el cemento no cuaja y como se derrumbe el muy bastardo con trece familias dentro el que se va a cargar el mochuelo es él. Se le mira al pobre señor con afecto y simpatía pero por lo general, nos solemos pasar sus opiniones por el forro de los cojones. Rocky Balboa no es la resurrección de Stallone (nacido en 1946), y menos aún cuando regresa a una saga que inició personalmente hace más de treinta años (30, thirty, SIETE OLIMPIADAS). Pero sí es una película que no ofende a nadie, correctísimamente interpretada, con un buen guión y, por encima de todo, una espléndida fotografía y que supone un regreso al tono realista del primer film y buena parte del segundo (hasta que Adrian se despierta del coma, en Rocky II, y lo primero que le dice a su marido es que aniquile a Apollo Creed, a partir de ahí, la saga Rocky se convierte en Portaventura).Adrian no ha podido engañar a la muerte otra vez. Se nos ha muerto de cáncer y Rocky Balboa sigue en su pequeño mundo y viviendo del pasado, como Walter Sobchak. La clientela acude a su restaurante para escuchar sus batallitas, su cuñado Paulie sigue trabajando en la misma fábrica de carne, su hijo se ha pasado al lado oscuro y se ha hecho broker de bolsa (podría haber sido periodista, casi peor) e intenta reconstruir su vida con la chica que le mandó a la mierda en la primera entrega, Marie, ahora divorciada y con otro chaval a cuestas. En esto que llega el salto de fe: un programa de ordenador determina que, en sus viejos tiempos, hubiera sido capaz de acabar con el invicto campeón del mundo de los pesos pesados, Mason ‘The Line’ Dixon. El pifostio mediático que se genera fuerza al Potro italiano a volver al ring y ahí le tenemos de nuevo. Gonna Fly Now, escaleras, sudadera y pantalón gris incluidos."Tengo 60, pero a ver quién saca la vena como yo."Los primeros tres cuartos de hora del film son un coñazo en el buen sentido. Rocky habla con Marie. Rocky habla con Paulie. Rocky habla con su hijo. Su hijo habla con su padre. Rocky habla con el hijo de Marie. Se compra un perro nuevo. Y venga a recordar a Mickey (el viejo sordo que le entrenaba hasta que le empujó Mr. T y se murió en la tercera -Port Aventura, recordemos-), y la pista de hielo, y el gimnasio, y el bar antiguo, y que coñazo monumental. Sin embargo, como todas estas escenas están muy bien rodadas, y parece que destilan emociones genuinas, el público que de verdad sepa que Rocky siempre fue una saga sobre un pobre saco de hostias que se negó a caerse cuando se lo decían, con sus dos cojones, sentirá una lagrimita de nostalgia. Hay momentos realmente buenos, como todo lo relacionado con Adrian y Paulie, así como las conversaciones con Marie (muy buena, Geraldine Hughes) y otros completamente innecesarios y que se podrían haber cortado, con el peligro de convertir el film en un mediometraje (todo el rollo del hijo, interpretado por el funesto Milo Ventimiglia, que no se entera de la realidad que le rodea y si no ahí está la ultrasobrevalorada Heroes para demostrarlo).Lo que funciona en esta parte es el sentido clásico de Stallone y la magnífica fotografía de J. Clark Mathis, que recuerda mucho a lo que hacía Robert Richardson en Casino, con colores por todas partes y fuentes de luz de no se sabe dónde, que amenazan con provocar ceguera a los actores. Sly lleva en este negocio del cine más de lo que yo llevo en este mundo y joder que si se nota, porque incluso el diálogo más aburrido está tratado con el mimo y cuidado suficiente para que nos llame la atención. Además de vez en cuando siempre están los chistecitos de Rocky (“Me siento como un canguro, con todas estas cosas en el bolsillo”), hilarantes de puro malos que son. Todo está tratado con mucho mimo y eso no es malo, pero si lo alargas demasiado, será insoportable. Y es justo en ese momento en el que Stallone decide poner en marcha el tren con la estructura que todos los devotos conocen: entrenamiento, montaje musical, previa y a darse de hostias. Destacar sobre todo la presencia de Tony Burton, en el papel de Duke, entrenador del fallecido Apollo Creed que se casca el mejor monólogo de la película (“…le vas a dar el viejo trauma por golpe contundente de toda la vida”) y ver a Stallone, como Donkey Kong, lanzando barriles para ganar fuerza, que es lo único que le queda ya que el tal Dixon es un milagro de la genética y te pega cuatro hostias antes de que tu cuerpo perciba la primera.Y durante unos gloriosos cinco minutos, Rocky Balboa tiene las mejores escenas de boxeo vistas en años. No es decir mucho, dado que el género no abunda, pero esos cinco primeros minutos, con una planificación televisiva (logo del pay per view incluido) valen por todos los de Ali. Stallone sigue pareciendo boxeador como yo jugador de curling, pero Antonio Tarver es una mala bestia y aunque canta cuando se esconde el puño para no dejar a Stallone incapacitado el resto de su vida, ‘Magic Man’ sabe moverse (principalmente, porque ha sido campeón del mundo de peso ligero). Entonces Stallone director la caga por completo, comienza a hacer cosas raras con la cámara (blanco y negro, cámara superlenta, degradados, montaje a lo Michael Bay). Para alguien que ha intentado mantener un tono sosegado y con los pies en la tierra a lo largo del film, es una contradicción."¡Potoma!"¿Y sabéis qué? Al peo. Mejor quedarse con el final donde gane o pierda, todo el mundo aplaude a Rocky y la saga llega a una feliz conclusión, sin “nada en el sótano”, como dice Stallone, y con la sensación de que nos hemos librado de un verdadero desastre, por el corazón y el empeño que se ha puesto en el rodaje. Rocky Balboa es de lo mejorcito que ha hecho en años y provoca las ganas de retroceder en el tiempo al espectador de ventitantos, que se crió con lo mejor del cine de acción de los ochenta, y ahora no puede sino llorar al ver el espectáculo que dan esa panda de capullos que se hacen pasar por héroes de acción. A esos les subía yo al ring, para que les fostiara Tito Rocky (y si falla, siempre me queda la opción de saltar yo… y mi amiga Fergie, la motosierra)."

Publicada el 2007-01-10Más críticas de Rafa Martín

lunes, 27 de octubre de 2008

La retirada de un mito viviente


Hoy tampoco quiero hablar de baloncesto. Mientras Claver se consolida mate a mate como el elegido para la sucesión, mientras Prigioni se hace cada vez más importante en nuestras vidas, y mientras el Cajasol le da una alegría a Antonio Pulido en forma de triunfo épico televisado en Vistalegre, hoy quiero recordar a un hombre que siempre quedará inmortalizado en Kiss FM y en el subconsciente colectivo como la voz del amor después de Sinatra. Me refiero, claro está, a PHIL COLLINS.


Hoy he leído en un blog de internet (por tanto, lo pongo en cuarentena hasta que no lea una fuente más fiable) que el Maestro Phil no sólo se toma unas vacaciones indefinidas debido a un pólipo en la garganta (eso ya se sabía desde hace dos años), sino que... ¡SE RETIRA DE LA MÚSICA! Dice que seguirá componiendo, pero que no sacará más discos. En un mundo tan seco de ideas y tan baldío de voces con personalidad como el panorama musical actual, nuestros oídos (y nuestro corazón) no pueden prescindir del autor de 'One More Night'.


Laura era de Sinatra y yo de Collins. Esto es como la dualidad Sevilla-Betis: no puedes ver al enemigo, pero reconoces su valía. Lo mismo pasa con el ganador del Óscar por 'You'll Be in my Heart' (sí, esa canción con la que Juan, de OT1, lloró como una damisela...). Tiene mogollón de detractores, pero nadie, nadie, puede negar que ha sido uno de los cantautores más influyentes de finales del siglo XX. De hecho, su primer disco en solitario (Face Value, 1981), está considerado como uno de los mejores trabajos del pop de todos los tiempos. Se me eriza el vello recordando los primeros acordes de 'I Missed Again' o de 'In the Air Tonight'.


Más mérito tiene este magnífico batería, ya que en 30 años, ha logrado labrarse tres carreras en una: la de cantautor, con esa cima creativa llamada '...But Seriously'; la de líder de una banda de pop electrónico denominada GÉNESIS, que ha escrito páginas de oro de la lírica posmoderna; y la de autor de bandas sonoras, con las que llegó a cotas de popularidad insospechadas. El calvo maravilloso, el dulce Phil, nos deja, pero supongo que hasta que la Warner le unte de los suficientes millones como para que regrese con más fuerza que nunca. O no. O, en un alarde de convertirse en el Michael Jordan de la canción, volverá con vigor inusitado cuando se canse de su retiro de divorciado, cuando esté harto de tirarle pelotitas a su perro en la fina arena de Palm Beach.


Collins es necesario en estos tiempos, porque nadie como él (bueno, sólo Freddie Mercury, Elvis, Michael Jackson, Sinatra, Stevie Wonder y Jacques Brel) ha sabido cantar y contar el enamoramiento, la traición del ser amado, el desengaño, la ira tras el palo sentimental, la soledad del desencanto vital. Phil, siempre estarás en nuestros corazones, aunque no pierdo la esperanza de coincidir con tu cabeza de cebolla en alguna parte de este jodido mundo y poder decirte lo feliz que me has hecho con tus canciones, lo pleno que me he sentido con los acordes de 'A Groovy Kind of Love' o de 'Against All Odds'. Eres imprescindible en nuestras vidas.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Oscuros tiempos


ETA vuelve a matar. La crisis se carga a cientos de empresas. El trabajo son números, ríos de tinta mojada que sirven de juego de niños para los políticos pusilánimes, apoltronados en su puesta en escena diaria, confiados en que un huracán no se llevará todos los pactos con el diablo ni las promesas incumplidas ante ciudadanos que se dejan la piel cada día por cuatro duros. Hoy no puedo hablar de baloncesto. No tengo ánimo. Sólo puedo pensar en las amistades que se pierden, en lo absurdo de cultivar relaciones para después quedarse con una llamada de teléfono o un e-mail cada seis meses.

Supongo que cada uno cuenta la vida como le va. Todo son risas si te levantas a las siete de la mañana y, de vez en cuando, te dan una palmadita en forma de ascenso o de aumento de sueldo. Supongo que si una empresa tiene Liga propia es para estar contento. Qué bonito. Y, así, el sistema adormece a las otrora mentes revolucionarias y las convierte en una suerte de agujero negro por donde sólo entran los engaños conscientes y los dardos envenenados con chantajes emocionales, con la comodidad del guerrero que ha llegado a su Arcadia particular y se olvida de que un día fue pobre, fue sucio en apariencia, pero limpio en la mirada. Ahora los ojos despiden fuego de páramo desierto. No hay nada detrás de las promesas partidistas, de las convenciones, de las reuniones a las 9:00, de los desayunos con los compañeros, de los atascos... Sólo la certeza de que, dentro de ocho horas, podré abrazar a mi esposa y besar a mi hijita.

Hoy no hablo de baloncesto. Sólo de la gente que pasa por el aro, que comulga con la explotación laboral, que mira para otro lado cuando su vecino está matando a un familiar, que no responde nunca ante un 'buenos días' dicho desde el corazón. Somos animales. Incluso en la cancha. Sólo pensamos en devorar (mitos, leyendas, mujeres...), en destripar todo lo bueno que han hecho los prohombres, en convertirnos en lo que odiábamos (hasta Lech Walesa llegó a convertirse en político, en demagogo). Y, al final, sólo quedan los recuerdos de la niñez para refugiarse de esta tempestad de estupidez, de trigo sucio, de leyes modificadas a golpe de pandereta, de oposiciones manipuladas, de envidias tontas y de soberbias empresariales.

El empresario. Menudo pájaro. Menuda víbora. Cuanto más tiene, más quiere, y en esa espiral arremete contra todo lo que cree que puede ser un obstáculo para llenarse la barriga y comprarse un coche cada vez más grande y brillante. Lo importante para este especimen es salir bien en la foto y tener la mejor mesa en el evento de turno. Pero luego no le pidas que improvise, no solicites un discurso suyo sin antes haberlo consultado con sus asesores.

Los asesores. Ja. Otra figura denigrante. Personas que dictan en la sombra lo que un bobo tiene que espetar al gran público. Todos quieren llegar a ser asesor y, cuantos más asesores tienes, más importante eres, ¿verdad, Manolo? ¿verdad, Gaspar? Cuesta vivir con un entramado tan complicado encima tuya: "Hay que tener cuidado con lo que dices, porque este consejero es amigo del banquero 'Fulano', que a su vez tiene negocios soterrados con el empresario de la construcción 'Sultano', el cual es cuñado del mismito presidente y está casado con una médico que se va de congresos gratis a cambio de grandes cantidades de dinero para recetar una pastilla del laboratorio 'X', a la cual está abonado el teniente alcalde, que es mano derecha de la presidenta del partido. Así que cuidadito con lo que dices por esa boca...".

¿De verdad queremos vivir en un mundo así? ¿Qué futuro le vamos a dejar a nuestros hijos si, para criarlos, tenemos que agachar la cabeza, comulgar con ruedas de molino, poner el culo cinco días a la semana y reirle las gracias a tu jefe de área? ¿Es que esto no va a explotar por algún lado, como diría el sabio don Enrique Bernabé? Hasta entonces, seguiré refugiado en la canción 'Happy Children', en la saga de 'Rocky', en unas cuantas personas a las que el virus del capital-individualismo no le ha entrado todavía en las venas y en las canchas y vídeos de baloncesto.