lunes, 1 de marzo de 2010

La magia de la Copa


La mejor foto de la Copa me la hice antes de que empezara el evento. Fue en la tienda del Bilbao Basket y fue con el objeto más preciado del torneo. Cuando me acerqué para levantarlo, aquello pesaba como seis botellas de agua de dos litros, pero por un momento me sentí como Roger Grimau elevado al enésimo título. Grandes momentos de basket...

domingo, 21 de febrero de 2010

Los gritos de la discordia


El ser humano ha evolucionado. En los últimos 10.000 años, hemos aprendido a refugiarnos del crudo invierno sin tener que hacer fuego cada vez que alguien estornuda. Sabemos transportarnos mejor, hemos salido de la atmósfera para descubrir cosas y hemos creado una herramienta que te permite comunicarte con alguien que está al otro lado del planeta en tiempo real. Sin embargo, seguimos sin respetar al prójimo. Desde los tiempos del homo sapiens, el hombre ha gruñido siempre ante lo diferente, ante un símbolo que no entiende o que no conoce bien. Como el rey de España. Lo que acabo de vivir en el BEC de Bilbao, justo antes de la final de la Copa del Rey de baloncesto, roza lo esquizofrénico. Durante días, he departido amistosamente con aficionados culés y vitorianos que me han demostrado con creces que los pueblos vasco y catalán están compuestos por gente maja, educada, interesante y sin complejos de superioridad. Personas que, como tú y como yo, se preocupan por no tener empleo, por el futuro de su familia y por crecer sentimental y culturalmente con el paso de los años. Iguales en nuestra diferencia. Pero, de repente, entra don Juan Carlos en escena y todo cambia. La chica de 20 años que ayer se reía cuando le hablaba de Pablo Laso y Arlauckas, hoy arremete con acritud contra el primer y segundo símbolo español (bandera+monarca). El hombre afable de atrás que ayer decía que estaba viviendo un espectáculo, hoy grazna: "¡Hijo de putaaaaa!". Tan fuerte gritaron las hordas bárbaras que no pude ni escuchar el himno. Y la organización lo cortó, decisión harto reprochable por otra parte. Aplaudo al rey por la serenidad de aguantar estoicamente el abucheo (en cuatro días en el BEC ningún equipo ni ningún jugador fueron pitados así), sobre todo porque ya vivió algo parecido en la última final de la Copa del Rey de fútbol. Los protagonistas de semejante desfachatez fueron los mismos: vascos+catalanes. Y hoy en el BEC también hay que añadir al saco de los energúmenos a los aficionados republicanos del resto de equipos participantes. O sea, más de 15.000 personas insultando y tirando por tierra 35 años de libertad.

No quiero que parezca que soy monárquico. No lo soy, aunque le haya dado la mano a Juancar en otro evento deportivo. Pero cualquier persona merece un respeto cuando hace el esfuerzo de presentarse en tu casa para hacerte un regalo. Porque la Copa ha sido el mejor presente para Bilbao: miles de turistas nos hemos dejado los cuartos en bares, hoteles y transportes de Bilbao. La ACB le dio la Copa a Bilbao porque sabía que Bilbao podía estar a la altura. Y lo estuvo. A fe mía que lo estuvo durante cuatro días... Menos medio minuto de denigrancia. Me ha parecido fabulosa la afición del Baskonia pero, si no son capaces de respetar la razón de ser de este torneo cuando ellos son los anfitriones, será mejor que su equipo no la juegue. El doble rasero no vale. No vale que yo me nutra de un torneo español para hacerme grande como club y luego, cuando ese torneo español pasa por tus fueros, reniegues de él como de la peste.

"Nosotros tenemos un himno en euskera", me contestó una señora cuando le pregunté por qué no había podido oir el himno de mi país. Eso tampoco vale. Porque cuando la Copa se ha celebrado en Málaga, Sevilla o Madrid nunca han puesto el himno autonómico. Y nadie ha silbado a ninguna autoridad competente. La realidad es que es un tema muy arraigado en esta región y de explicación poliédrica. Los niños maman el 'colonialismo español' en las 'ikastolas', pero luego se benefician de los Presupuestos Generales del Estado para comprarse un portátil o para pagarse los estudios en el extranjero. Otra vez la ley del embudo.

Prefiero quedarme con los óptimos momentos que he vivido: el paseo por el Nervión; el Guggenheim; los pintxos; la sidrería Artxanda; el funicular; la arquitectura bilbaína; el buen rollo con los hinchas en el metro; el mercadillo de Plaza Nueva; la excelente predisposición de todo el mundo a orientarte cuando andas perdido por alguna calle... Prefiero pensar que a la organización se le olvidó poner el himno de España y que, por esa razón, el público comenzó a pitar. Es que la Copa es un torneo tan especial que no deja indiferente a nadie.

martes, 1 de diciembre de 2009

20 años sin Fernando Martín


Tenía todos los atributos de un líder nato: carisma, intensidad, fuerza, técnica, coraje... Y su fallecimiento, el 3 de diciembre de 1989, dejó huérfano al Real Madrid, a la selección y a los aficionados al baloncesto. Nunca olvidaré cómo recibí la noticia: estaba sentado en la camilla haciendo los deberes de 1º de BUP cuando comenzaron las noticias en Canal Sur, con aquella presentadora tan atractiva que presentaba La Jugada y, posteriormente, Reporteros (ahora no sé dónde anda). Ella fue la que dijo las terribles palabras: "El jugador de baloncesto Fernando Martín ha fallecido en accidente de tráfico...". No pude reprimir las lágrimas y me fui corriendo al salón para darle la noticia a mi madre, que le estaba haciendo un vestido a Paqui, la primera novia de mi hermano, en la mesa de corte y confección que habíamos instalado en el comedor. Y luego, el vacío. El silencio. La nada.


Reflexionando sobre estas dos décadas, podemos afirmar que Fernando Martín, de la mano de Lolo Sainz y Díaz Miguel, fue precursor del básket moderno. Con su altura, corría perfectamente el contraataque y tenía una complexión física y una intuición del juego que le permitían salirse fuera de la zona para lanzar de vez en cuando. Su talón de Aquiles, los tiros libres. Mítica era su forma de protestar a los árbitros, con aquel gesto torcido, casi de infante que pierde a su madre o de niño pequeño al que le quitan la piruleta.


Todavía tengo grabado en una cinta BETA un poema que le dedicó Ramón Trecet en 'Cerca de las Estrellas'. Venía a decir algo así: "Tú, con tu dulce soga al cuello, ahora te encuentras más cerca de las estrellas... Que nunca". Antonio sentía el mismo amor por el baloncesto (y un tiro de tres a lo Garbajosa), pero nunca llegó a epatar como lo hizo Fernando. Quizá por ser el primer jugador español en entrenarse con el torso desnudo en Central Park y luchar por un rebote con Tom Chambers, Abdul-Jabbar, Jack Sikma y Karl Malone.


De rostro impertérrito, esculpido en roca, era de las pocas personas en las que voz y cuerpo van de la mano, como una auténtica sinfonía (pensemos en Clark Gable, Juan Carlos Navarro o el líder de las Comunidades Neocatecumenales de los Dolores). Nunca olvidaré el partido que jugó el Real Madrid, unos días después del trágico suceso, ante el Paok de Salónica. Entre lágrimas, los compañeros y amigos de Martín sacaron una garra inédita para hacerle el mejor homenaje al ídolo caído, ganando de paliza al conjunto griego con la camiseta del '10' y un ramo de flores en el banquillo (aquel abrazo de Lolo Sainz y Llorente... De lo más emotivo que he visto en una cancha junto con las lágrimas de Alberto Angulo tras ganar a Lituania en cuartos del Eurobasket 99).


No creo que en el cielo haya internet (no habrá conexión), pero que sepa todo tu entorno que los aficionados (y neófitos también debido a su relación sentimental con Ana Obregón) seguimos echándote de menos y que contaremos aquellas batallas legendarias con Audie Norris; aquellos 'play offs' a muerte contra los Epi, Solozábal, Jiménez, Sibilio y compañía; y aquellos ganchos a tablero tras rebote ofensivo rabioso, a las generaciones venideras. 'Youtube' y tu hijo Jan, que juega en el filial del Madrid (y que parece que nunca llegará a tu nivel), se encargarán del resto. Al igual que Gasol, Calderón, Garbajosa, Navarro y demás jugadores de otro planeta, dejaste una huella imborrable en nuestros corazones.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La destrucción de un pabellón mítico


Ciudad Deportiva. Año 1999. Los 500 aficionados rugen como si fueran 5.000. Saca Lobato guiado por las indicaciones numéricas bajo cuerda de Óscar Villegas. En cancha a la espera del misil, Miltcho Milanov, Fran González, Rubén Barba y el inefable Danny Pointe. Enfrente, todo un Unicaja Almería. A finales del siglo XX, el voleibol se convirtió en un milagro noche tras noche en Huelva con un equipo guerrero que, con la batuta firme de José María Benabat, logró el hito histórico de jugar en Europa.
Es sólo un ejemplo de la historia, de los momentos inolvidables que hemos vivido muchos onubenses en el pabellón cubierto de la Ciudad Deportiva, que tiene fecha de defunción. Sí. En tiempos de crisis, los responsables de la Consejería de Comercio, Turismo y Deporte y la empresa que tiene asignada su gestión, IDH, han tenido la genial idea de derribar no sólo el pabellón, sino todas las instalaciones con el fin de levantar edificios nuevos, nuevas y lujosas salas para que los nuevos ricos practiquen 'body-pump' y nuevas fotos donde figurar.

Señores míos, no confundan el progreso con la mala gestión. Una reforma del pabellón actual, que ha albergado campeonatos de España de tenis de mesa y de bádminton durante cerca de medio siglo, habría sido suficiente y mucho más barato que tirarlo todo por tierra para levantar un conglomerado nuevo, sí; bonito, sí; reluciente, sí; pero sin el encanto ni el valor histórico que tiene la actual Ciudad Deportiva, que ya fue rehabilitada y reestructurada hace pocos años. Hay otro problema. Una trabajadora de la instalación me asegura que no sabe si el proyecto contempla la construcción de un nuevo pabellón cubierto con canastas. Me cuesta creerlo. Durante los meses que dure la obra, ¿qué hacemos los socios que practicamos baloncesto? ¿Jugar en la pista de fuera, en la que nosotros mismos tenemos que colocar las canastas en su sitio, porque se encuentran arrinconadas? ¿Y si llueve? ¿Nos metemos en el gimnasio a tirar pesas al cesto de la ropa sucia? Hace pocos días fui a jugar con mis amigos una pachanga, como cada domingo que regreso a mi ciudad, y nos encontramos con que el sistema hidráulico de subida y bajada de las canastas "estaba estropeado" (sic). Supongo que están ya preparando el terreno para quitarse de en medio a los pesados del basket y poder lanzar cuanto antes la bola de la demolición. Pero no sólo es el derribo de un edificio. También es un dardo contra nuestros sentimientos más profundos. Contra los partidos a rey de pista que jugábamos hace 20 años. Contra figuras del deporte nacional, como el jugador de bádminton Carlos Longo, que empezó a obtener los primeros éxitos en el pabellón del Conquero. Es la demolición del respeto para levantar nuevos 'O2', nuevos centros de alto rendimiento con cristales transparentes, máquinas monstruosas, bebidas energéticas repletas de productos químicos de dudosa procedencia y culto al deporte individual y monitorizado. El objetivo último, seguramente, será multiplicar por dos o por tres la cuota de abonado.
Me gustaría saber cómo se pondrían los sevillanos si, de buenas a primeras, el Ayuntamiento de Sevilla decidiera derribar el pabellón de San Pablo para crear un centro de 'fitness'. ¡No podemos ser tan conformistas con las decisiones de nuestros políticos! Hay que hacerles ver, con argumentos, que los proyectos pueden ser modificados y que algunas decisiones pueden ser erróneas.

Vivimos en la cultura de lo nuevo. Lo nuevo siempre parece más bueno a ojos del capitalismo y no es así. Con un cambio de parqué y una limpieza de aros, tableros y gradas sería suficiente para dar lustre al lugar donde nos hemos dejado nuestro esfuerzo físico en las Ligas del Patronato, nuestras risas, nuestros amigos... Desgraciadamente, si la obra faraónica se consuma, lanzaré mi carné de socio al vacío desde lo alto del Conquero y no volveré a subir más la cuesta de la barriada del Carmen para encontrarme con Lolo, Miguel, Damián, David y Pedro.

La Ciudad Deportiva empezó a construirse en 1962. El obstáculo más complicado de la fase de construcción fue el desmonte de una elevada cantidad de toneladas de tierra en las laderas circundantes. En la sesión plenaria del 15 de junio de 1964, el Consejo Provincial de Huelva, por aclamación, acordó otorgarle el nombre de 'Ciudad Deportiva del Movimiento Camarada Pérez Cubillas'. 45 años después, quieren que el sueño de aquel Gobernador civil -que luego daría nombre a una barriada con pesado tráfico- de construir un lugar donde amigos y familiares, jóvenes y maduros, pudiesen reunirse en torno a un balón, se convierta en pesadilla.
En la página web de la Empresa Pública de Deporte Andaluz definen así a la Ciudad Deportiva: "Está destinada preferentemente al deporte para todos. Actualmente se encuentra inmersa en un proceso de profunda transformación con la incorporación de elementos destinados al deporte salud". Pues bien, amigos míos, la sentencia no se cumple, ya que los aficionados al baloncesto, al tenis de mesa y al bádminton, entre otras actividades, se quedarán para siempre sin un sitio mítico donde practicar su deporte favorito. Tenemos la certeza de que aquella Arcadia romántica está abocada a la desaparición y, en su lugar, nacerá un cubo frío donde las gentes pudientes podrán hacerse masajes, 'peelings', baños de burbujas y programas dietéticos. Y luego querremos despuntar en los deportes de equipo.
Creo que en Huelva -y en España en general- tenemos ya suficientes gimnasios 'megamodernos' como para convertir un lugar de deportes de equipo en una caja gigante de bicicletas estáticas con música hortera. Vamos a evitar en lo posible la robotización de las personas. Un ejemplo de que las cosas se pueden hacer de otra manera es el pabellón Andrés Estrada, que sufre actualmente una remodelación necesaria. No hace falta tirar abajo la legendaria cancha en la que el Ciudad de Huelva ascendió a la ACB. Vale con lavarle la cara y cambiarle la ropa. Otra historia distinta es la lamentable gestión municipal del Patronato de Deportes. Lo dejo para otro artículo. Si Pérez Cubillas levantara la cabeza...

viernes, 9 de octubre de 2009

Cinco reflexiones sobre el comienzo de la ACB


Quedan horas para el pistoletazo de salida de la Liga ACB, el lugar donde podemos visionar de forma más continuada a los mejores jugadores de España y buena parte de las joyas europeas. La ilusión vuelve a nuestras vidas, pero, como siempre, afilo mis cuchillos para lanzar diez dardos al vuelo, ahora que todo el mundo está ensimismado en los flashes de la presentación, en la puesta de largo oficial y en las expectativas estratosféricas.


1-El factor 'Ricky': El chaval ha vivido un infierno en verano y el otoño se abre para él como un parque repleto de hojarasca donde pisar blandito. Por ahora, no llueve. Hace sol y todavía Navarro no se pone el suéter, pero, como en todos los deportes, si el Barcelona no consigue ningún título, vendrá el frío y llegará Laporta como un Wendigo vengador a arrasar con todo lo que se ponga por delante. En principio, el Barça tiene EL EQUIPAZO, con mayúsculas. Debe dominar la pintura con Fran Vázquez, el Lorbek con peor peinado y Mickael, entre otros. Tiene que llevar los partidos a 80 puntos con el francotirador Lakovic, el sempiterno Basile y la Bomba. Y, sobre todo, debe recordar al Barça de Aíto en defensa, con Rubio a la cabeza. Sus brazos son látigos que siempre hacen daño en la carne del rival. Y sólo tiene 18 años...


2-Las lesiones del Madrid: Si Felipe y Van den Spiegel no se incorporan pronto, el equipo de Messina tardará en jugar como el CSKA de Moscú. Lo demostró contra Utah Jazz. Aunque sea un partido amistoso, estás representando a tu país frente al universo NBA. Y además, juegas en casa. No puedes dar esa lamentable imagen, sacando del banquillo al pobre Iñaki de Miguel para defender a una roca después de haber jugado contra el Huelva en la Leb Plata. Las buenas vibraciones provienen de Kaukenas, Lavrinovic, que sin estar al cien por cien hizo su partidito, y Llul. Todavía se espera a Vidal y al mejor Prigioni. En la mano de estos veteranos (cuidado con la acumulación de partidos) está que la Liga se retrotraiga a los 80 y se resuma en un duelo de titanes.


3-Caso Obradoiro: Esto no es un dardo, es un homenaje. Veinte años después, el Obradoiro podrá jugar en ACB. Ahora se llama Xacobeo Bluesens y han podido confeccionar una plantilla curiosa para optar a la permanencia. De entrada, mañana podremos ver al que fue verdugo en su día del Cajahuelva contra el Regal Barcelona.


4-Las decisiones extrañas (o incompetencia) de TVE: Desde hace algunos años y, sobre todo, desde que falta Pedro Barthe, el baloncesto es maltratado en Televisión Española. Lo ponen a la misma hora que los partidos de fútbol del sábado; no ponen anuncios sobre el partido de la semana; el pre-partido y el pos-partido son horrorosos (¿Hasta cuándo tendremos que aguantar a Virtudes Fernández?), cuando no inexistentes; sólo retransmiten un partido, pudiendo dar dos o tres a través de Teledeporte. ¿Por qué tenemos que soportar un encuentro de tenis entre Fabrice Santoro y Kolsreiber del master de Laponia y nos tenemos que perder un Unicaja-Caja Laboral, por ejemplo? ¿Seguro que hay más gente viendo al viejecito Santoro que disfrutando de la defensa de Carlos Jiménez? Venga ya...


5-La identificación con los colores: Un apartado que no ayuda a vender el baloncesto es que muchos equipos renuevan casi toda la plantilla de un año para otro. Hace 20 años, te sabías de memoria las plantillas de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Joventut. Ahora, aunque seas forofo del Cajasol, es casi imposible saber quién es el nuevo base o de dónde viene ese tal 'Birigenotrofopovic' de turno. ¿Y dónde está el bajito que lo hizo tan bien el año pasado? Pues no había presupuesto suficiente para pagarle la ficha y se ha tenido que ir a Turquía o a Rusia. Desde ELDESMARQUE, pedimos a los clubes que hagan todo lo posible por mantener la columna vertebral de un equipo que no se llame Madrid o Barça dos o tres años, a ver qué pasa. Seguro que habrá muchos más aficionados gritando el nombre de 'Asselin' o de 'Velickovic' en la grada. Y luego se quejan de que la gente aquí no anima como en Grecia o en Israel. Es que allí, señores míos, los jugadores nacionales no emigran a ninguna otra Liga, quitando el caso anecdótico de Papaloukas, que ya ha vuelto, y de Spanoulis, que duró la risa de un loco en Houston. En fin, la pescadilla que se muerde la cola.


Esperemos ver una Liga vibrante, con partidos igualados, con jugadas espectaculares protagonizadas por Berni, por Carlos Suárez, por Garbajosa, por Llull y por la armada extranjera. Que la Liga ACB sea la Liga HACESBIEN, desde los organizadores hasta los árbitros pasando por los entrenadores y los periodistas.

domingo, 20 de septiembre de 2009

La vida es maravillosa


Con la frase de un crepuscular Andrés Montes, que ha anunciado su sorprendente adiós de laSexta en el último momento de una retransmisión para la historia, podemos definir el estado actual de las cosas. La vida es maravillosa, porque la luz cegadora del trabajo incesante en equipo, eso que tantos y tantos directores generales quieren que ocurra en sus respectivas empresas para hacer caja compulsivamente, ha parido el primer oro europeo de esta generación de sonrisas, manos grandes, enormes corazones, dientes apretados y acogedora de una lluvia de metales que no cesa.

La vida es maravillosa, porque los hermanos se han guiñado el ojo, se han atusado la barba y han dicho que no con la cabeza a los púberes serbios: HOY NO EXISTEN LOS REBOTES OFENSIVOS. Hoy, por ayer, existen los mates estratosféricos firmados por jugadores NBA; existen los tapones elocuentes que dictan sentencia; y existe la defensa con mayúsculas. Ayuda, ayuda, ayuda y el balón serbio circula por fuera de la línea de 6,25 con impotencia, como en un baloncesto de otro tiempo en el que los rivales de Estados Unidos o la URSS no podían siquiera pisar la pintura sin llevarse un gorrazo de ponte bien y no te menees.

La vida es maravillosa porque los jóvenes han dado un paso al frente y han demostrado una fortaleza mental insuperable, impropia de sus edades. Hablamos de la madurez de Ricky Rubio, que ha sabido sobreponerse a todo el culebrón veraniego (muchos chavales de 18 años hubiesen corrido a las faldas de su madre y hubiesen dejado la concentración) para transformarse desde los cuartos de final en una especie de langosta gigante, capaz de picar a los bases más laureados, saltando de rival en rival con la fuerza de sus largos brazos, asegurando un nivel defensivo que sólo Lucio Angulo ha dado en la historia de la selección. Y Sergio Llull, imperial en su complexión física y deslumbrante en la manera de gestionar la puya que recibió de Marc Gasol, un muro casi siempre infranqueable en defensa que quizá pudo atinar algo más en ataque. "No ha pasado nada. Ya está todo olvidado", dijo en su blog. Me gustaría saber qué hubieran hecho un Sergio Ramos de la vida, un Marchena o un Güiza ante una situación similar. Se hubiese montado la de Dios es Cristo con toda seguridad.

La selección apagó el fuego dialéctico y encendió el del juego sin cuartel, el 'run and bang' que practica Mike D'Antoni en los Knicks, pero mucho mejor, con mimbres más duros y efectivos. Se ha criticado mucho a los bases en este campeonato, pero, al final, Raúl López y Carlos Cabezas han rendido de manera espléndida en los partidos que importan, anotando, jugando con el 'tempo' del partido y alimentando a los hombres grandes de este grupo humano.

Y la vida es maravillosa cuando las bombas caen del cielo para traspasar el aro dulcemente. El capitán Juan Carlos Navarro ha completado una serie monumental de cuatro partidos seguidos ejerciendo de taladradora sin piedad. Como siempre, los críticos se callarán ahora para decir: "Sabíamos que 'La Bomba' rendiría en los partidos importantes". Sus ojos emocionados levantando la Copa son los de toda España. Otro personaje que ha sido clave en que la vida pueda ser maravillosa hoy lunes se llama Rodolfo Fernández, más conocido por los rivales que le ven pasar como una exhalación hacia la canasta de forma imparable como Rudy, elegido en el quinteto ideal del Eurobasket.

El rostro heleno de Mumbrú también ha sido abofeteado por mucha gente. Incluso por mí mismo. Es que al principio del campeonato no daba una. Luego, como todos, se convirtió en un bicho gigante con tenazas de acero que apretó a todos los equipos nacionales que se encontraba a su paso para sacarles todas las vísceras a base de triples, rebotes en ataque y penetraciones de calidad. El efecto Garbajosa, otro extraño elemento que muchas personas dicen que no debería estar ya en esta selección, se tornó fundamental en la defensa al cuatro del rival y en alguna que otra pincelada en forma de triple (nadie tira de una forma más elegante que él) para terminar de ensanchar una ventaja determinada. Me seguiré poniendo, orgulloso, tu camiseta del Unicaja. La vida también será maravillosa cuando Víctor Claver explote de una vez como el 'superjugador' que promete ser. Tiene capacidad física, talento y voluntad de mejorar. Sólo le falta un pelín de fuerza mental, de creérselo por fin y olvidarse de la eterna comparación...

Como también terminaré por comprarme la de Felipe Reyes, un imán humano, una pantera negra que ha decidido meterse en el cuerpo de un ser humano y atrapar todo lo reboteable. Para mí, ha sido fundamental, el segundo factor más importante en la recuperación de España, en la metamorfosis de España, en el reencuentro de España con la España del glamour. Porque el primer epígrafe, el número uno de la lista de claves es, como ya sabe todo el mundo a estas alturas, Pau Gasol. El bambú dorado renació de sus cenizas para tirarse al abordaje de todos los piratas que pasaban por su zona. Inasequible al desaliento, el niño bonito de Phil Jackson decidió multiplicar por diez su rendimiento de la primera parte del torneo para metamorfosearse en el Kraken, un molusco musculoso de ocho extremidades con el poder de tirar de fuera; pasar bien; correr el contraataque; taponar y taponar sin tregua; animar a sus compañeros; meter ganchos con la derecha y con la izquierda; hacerle pequeños homenajes al ausente Calderón con alguna que otra bandejita; introducir los tiros libres... Una bestia temible que sólo se calmó cuando el medallón polaco colgaba de su cuello.

España ha sobrevivido en este intenso Eurobasket a las siete plagas: demasiados compromisos publicitarios; presión mediática; una gira leonina por los rincones de la Península; una crisis inédita de juego y de vestuario; lesiones a todo trapo; rivales con mucha hambre; y un entrenador cascarrabias. Pero ha sabido esculpir de nuevo los Diez Mandamientos baloncestísticos sobre roca y transmitirlos por todo el orbe:

1. No te vendrás abajo con las críticas.

2. Honrarás a tus antecesores (Alfonso Reyes, Nacho Rodríguez, Herreros, Fernando Martín, Corbalán...).

3. Sabrás hacer piña con tus compañeros al margen de lo que diga el entrenador.

4. Tendrás la fuerza de otro tiempo, invocarás a la Yugoeslavia de Petrovic, Kukoc y Radja y aplastarás a los rivales sin compasión.

5. Te motivarás con la música que, en contra de lo que se cree, no amansa a las fieras, sino que las despierta y las mantiene alerta hasta que se atisba a la presa en el horizonte.

6. Correrás el contraataque alegremente y sólo bajarás la presión defensiva cuando acabe el partido o vayas ganando de 50.

7. Tendrás malos pensamientos: soñarás con que ganas el oro derrotando de forma contundente a un enemigo que, anteriormente, te había faltado al respeto.

8. Tendrás malos pensamientos (II): soñarás con que ganas el oro ante el 'Dream Team' de Estados Unidos en Turquía 2010.

9. No te bastará con ser el campeón del mundo. Querrás serlo de Europa y de la Olimpiada, en Londres 2012.

10. Harás que millones de españoles se sientan orgullosos de serlo y de haber vivido, aunque haya sido por TV, la gran hazaña deportiva de 2009.

Los acólitos de esta religión nos retiramos a comulgar hasta el año que viene. Cibeles será una fiesta dentro de unas horas. Gasol dará las gracias a todos. Y alguien repetirá la palabra mágica que llevo tantos años reivindicando. Esas cuatro sílabas que me han hecho tan feliz antes, durante y después de los éxitos. Lloré en 2006, pero ahora siento una felicidad calmosa. Nos acostumbramos muy rápido a lo bueno y sabemos que llegarán tiempos peores. Pero, por ahora, vamos a seguir cuidando al bambú dorado y a regocijarnos en la victoria tras las batallas perdidas gritando a los cuatro vientos una ocurrencia que se ha convertido en leyenda: BA-LON-CES-TO.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

De magia, rutina y esperanza dorada


Tres días de competición. Tres días de sobresaltos. Tres días de palpitaciones. Algo se mueve en mi corazón. ¿El recuerdo de un pasado de basket rústico recorre mi cuerpo? No, para nada. Estoy tranquilo, dentro del nerviosismo lógico de la competición más esperada del año. Cada verano, un grupo de 12 hombres se reúne para hacer un truco de magia en cada partido, todo concentrado en dos o tres semanas, más intensas que Lolo buscando a un sexto hombre para la pachanga.


Amigos míos, tengo la certeza de que el baloncesto mágico, la belleza del contraataque bien hecho, el ataque estático en el que el balón va de lado a lado como si fuera una sinfonía de Beethoven, el puño en alto, la cara de chico malote, el guiño a una canción con significado especial que da vida en el vestuario, el ritmo de martillo pilón... Esa maravillosa rutina a la que nos tenía acostumbrados la selección española tiene que volver a pesar del malencarado Scariolo. En el paisaje del campeón del mundo hay algún que otro nubarrón, eso sí: la falta de conjunción entre las piezas; la incógnita de cómo llegará Pau Gasol a los partidos cruciales; ese extraño elemento llamado Marc, que se ha disuelto como un azucarillo en los últimos días; la lesión muscular de Rudy; el imprevisible Navarro, que casi siempre decide correctamente en los minutos calientes de partido, pero siempre al borde del abismo; la escasísima aportación de los suplentes (el perdido Mumbrú, el todavía demasiado verde Claver, el errático Cabezas, la sombra de lo que fue Raúl López, el Expediente X Garbajosa...); el abuso de los triples, las pájaras por exceso de confianza, el cansancio, la desidia, el tedio, la presión de ser favorito, el hastío de tener que ganar siempre, los compromisos publicitarios, los sistemas de Gominolo, como le llama el gran Manolo Conejo... Muchos factores que se solucionan con un solo alimento funcional, con un solo ingrediente transgénico: LA ILUSIÓN.


Vivir el torneo como si fuera la primera vez. Un concepto tan sencillo de escribir como difícil de realizar. ¿Se puede uno cansar de ganar? El Eurobasket es como una asignatura del instituto: vas pasando los parciales con más pena que gloria y el examen que bordas es el último, el que decide tu nota final, el que marca la diferencia entre el repetidor de vuelta de todo y el buen estudiante que luego se convierte en un trabajador ejemplar de alguna empresa explotadora.


¿Explota la Federación a sus jugadores? Yo, particularmente, no veo a Eslovenia haciendo tantas campañas publicitarias en medio de una concentración ni me imagino a los turcos perder el culo cada vez que un periodista se acerca para una entrevista. Vale que tienen primas millonarias, pero están ahí para jugar a basket y divertirse en la medida de lo posible. Porque si ellos se lo pasan bien y tienen la familia cerca (como procuró Pepu en su época), el baloncesto fluye mejor por sus venas. No puede ser que lleguen al calentamiento con caras largas ni que consientan que Serbia les mee en la cara sin, al menos, animarse de manera vehemente los unos a los otros.


Me quedo con el conjuro 'light' que protagonizó Pau al final del España-Gran Bretaña: "Hemos jugado mal, pero mañana vamos a hacerlo mejor, ¿vale? A partir de ahora jugaremos mucho mejor, ¿vale?". Dicho y hecho. Prórroga surrealista ante Eslovenia y solidez en los minutos que cuentan. Lo relevante es ir pasando los parciales hasta que llegue el gran examen final. A esa prueba hay que llegar bien preparado, eso sí, más mental que físicamente, porque todos están, a estas alturas de la temporada, bastante cascados y no puede ser una excusa. Creo que los ayudantes del gran capo deberían hacer una labor más psicológica con los jugones (Orenga, que se note tu experiencia y motiva mejor a los Claver, Llull, Marc y compañía).


Lo dije en 'Facebook' y lo mantengo aquí. No me bajo del tren de la ilusión por el oro hasta que no me apee la propia selección. Por ahora voy solo en el vagón de cola, pero espero llegar a la última estación el primero y, desde el andén, decirle adiós con la manita a todos los ahora descreídos que se subirán, seguro, en el último momento.